Inclusividad Sexual en Parejas Estables: Fenómeno alternativo para investigar junto a la Exclusividad Sexual en Parejas Estables.



Jung y su esposa Emma

          El tema de la exclusividad sexual en la vida de pareja estable, se nos presenta como un ideal de la cultura occidental. Sobre todo cuando exclusividad sexual está unida al concepto de matrimonio, lo que hace más complicado observar los fenómenos sexuales que giran en torno a la  pareja estable. Luis María Aller en  el Capítulo 5 ("Lo que natura da y la cultura resta") del libro "Nosotros los infieles: el matrimonio y sus permisos en el siglo XXI", plantea lo siguiente:          “Aprendimos entonces que la psicología evolutiva nos demuestra que el ser humano es un ser polígamo por naturaleza, genéticamente predispuesto para tener más de un compañero sexual. Tanto varones como mujeres llevamos en nuestros genes el mandato de perpetuar la especie y para ello, el de buscar compañero sexual con quien acoplarnos. La naturaleza no nos puso restricciones para hacerlo, por el contrario, nos preparó para ello. La cultura las puso, pero se hizo trampas a sí misma, rechazando y alentando, prohibiendo y permitiendo al mismo tiempo. La antropología nos demostró que el modo de formar matrimonio y pareja impuesto por la cultura occidental y cristiana no es el único en el planeta. Ni tal vez sea el mejor. Hay otros modos y otras maneras de vivir en pareja y en comunidad, de procrear y cuidar a los hijos. Todas ellas válidas y posibles. Esto nos permite concluir que si genéticamente venimos programados para tener más de un compañero sexual, culturalmente también lo estamos. Sólo que la cultura represiva que nos toca vivir recorta y prohíbe esa posibilidad. Frente a estos hechos, analizamos una propuesta basada en la observación de lo cotidiano y mediante el subterfugio académico de cambiar el nombre de "infidelidad", peyorativo y castigador, por uno que no tuviera connotaciones negativas, vimos que era posible acercarnos al tema sin tanto problema y con posibilidad de aprender a convivir con esta realidad. Nos queda una conclusión: somos seres predispuestos al amor-pasión, al romanticismo y al goce del placer sexual.”
        La propuesta de Aller no la conocemos, pero hace algún tiempo vengo planteando en mis publicaciones  el término “Inclusividad Sexual” para referirme a esta predisposición erótica, sexual y social humana. Partiendo de allí, podemos estudiar sin connotaciones negativas cualquier fenómeno ligado a la inclusividad sexual, ya sea en un contexto de pareja estable, matrimonial, cultural, etc. Empecemos…
     Los aborígenes de Arnhem Land, en el oeste de Australia, aceptan abiertamente la inclusividad sexual en el contexto matrimonial tanto para mujeres como para hombres. Admiten con agrado la variedad de experiencias y la ruptura de la monotonía que ofrecen las aventuras fuera del matrimonio. Como resultado de estas vivencias, muchos reportan un aumento en la apreciación y la vinculación con su cónyuge. Entre los marquesanos de Polinesia hay una aceptación tácita de esta práctica. Una esposa marquesana a menudo toma como amantes a muchachos jóvenes, a los amigos de su esposo o a familiares. De manera inversa, su esposo puede tener relaciones sexuales con chicas jóvenes o con sus cuñadas. Esta cultura apoya de manera abierta las prácticas de intercambio de parejas y hospitalidad sexual, en la cual a los visitantes sin acompañante se le ofrece acceso sexual al anfitrión del sexo opuesto. Algunos grupos del pueblo nativoamericano inuit (mal llamados esquimales) también practican la hospitalidad sexual, en la cual la anfitriona casada tiene relaciones sexuales con el visitante varón (Gebhard, 1971). Para los turu del centro de Tanzania, el matrimonio es una cooperativa económica y un vínculo social. En general se piensa que el afecto entre esposo y esposa está fuera de lugar; la mayoría de los miembros de esta sociedad cree que la relación marital se pone en riesgo por la inestabilidad del amor y el afecto. Los turu han desarrollado un sistema de amor romántico, el mbuya, que les permite buscar afecto fuera del hogar sin poner en riesgo la estabilidad del matrimonio principal. Tanto el marido como la mujer buscan de forma activa las relaciones externas (Gebhard, 1971).

     Los ejemplos anteriores son evidencia cultural de una inclusividad sexual operativa en parejas estables, dentro del contexto matrimonial, desde el punto de vista cultural. Actualmente los fenómenos de inclusividad sexual, en los textos de sexología se engloban dentro de la sexualidad en la etapa adulta con nombres como: sexo extramatrimonial y relaciones extramatrimoniales consensuadas o no consensuadas, pero quizá este encuadre no nos deja comprender cómo algunas parejas estables, ya sea que estén casadas o cohabiten, presentan inclusividad sexual operativa o exclusividad sexual operativa. Tal vez lo importante es cuán a gusto nos encontremos manteniendo relaciones de pareja exclusivas o inclusivas sexualmente, dependiendo de las preferencias personales y de la pareja en la relación. De allí, que la satisfacción sexual y la llamada satisfacción marital o ajuste diádico, tenga que tomar en cuenta factores emocionales, eróticos, sociales y culturales que tal vez se han pasado por alto por centrarnos en conceptos legales o religiosos (matrimonio, adulterio) antes que en fenómenos sexuales y eróticos.

     Dentro de los fenómenos de inclusividad sexual en las relaciones de pareja estable tenemos la inclusividad sexual operativa, en la cual ambos miembros conocen y aceptan sus patrones erótico-sexuales recíprocos de múltiples parejas, con la menor conflictividad posible; y la inclusividad sexual no-operativa, donde ambos miembros de la pareja, o uno de ellos, no sabe o no acepta el comportamiento inclusivo del otro, por lo cual la conflictividad puede ser, en teoría, mayor.

     En la inclusividad sexual  operativa, en nuestro entorno cultural occidental,  encontramos: el intercambio de parejas (swinging, arreglo, sexo co-marital), el matrimonio abierto (monogamia manejada)  y el poliamor. Dentro de la inclusividad sexual no-operativa tendríamos a las aventuras sexuales o relaciones de pareja, casuales o más estables, con otras personas que no sean su pareja estable, sin el conocimiento ni consentimiento de esta última. Por lo tanto, sería en este tipo de inclusividad sexual, donde entrarían todos los sentimientos destructivos y los conceptos culturalmente peyorativos hacia la deslealtad y deshonestidad de un miembro hacia el otro.

     Por supuesto, esta nueva visión abriría un nuevo campo fascinante de investigación, que ya se viene esbozando, que sería profundizar en el estudio de la exclusividad sexual en parejas estables o semi-estables. Si estamos predispuestos desde todo punto de vista a ser inclusivos sexualmente, entonces ¿Cuáles serían los factores que mantienen la exclusividad sexual en las parejas? Eso nos llevaría a buscar si es la satisfacción sexual, la inteligencia erótica-sexual, la satisfacción marital o ajuste diádico, la salud sexual, la armonía sexual-erótica en pareja o lo que sea que fuere (¿Amor?¿Intimidad Emocional y Sexual? ¿Alguno desconocido?) que mantiene a algunas parejas, por cortos o largos períodos de tiempo, manteniendo relaciones eróticas, sexuales y emocionales con absoluta exclusividad sexual…Tal vez, este fenómeno ha sido subestimado…



     Tal vez, somos seres eróticos y sexuales donde se mezclan ambas realidades: inclusivos-exclusivos… Como la autora Erica Jong explicó: “Somos criaturas de parejas, como los gansos o los cisnes. También podemos ser promiscuos como los mandriles o los bonobos. Esos son los dos extremos de la sexualidad humana, con todos los grados de castidad y sensualidad que hay en medio” (2003, p. 48). Quizá, nuestra tendencia a la dicotomía para ver los fenómenos no nos permite ver la integralidad de nuestra realidad erótica…¿Quién puede afirmarlo o negarlo?

Comentarios

  1. Excelente material sobre un enfoque que rompe con paradigmas que impiden ver lo real, verdadero, operativo, funcional y a partir de allí los múltiples factores del sistema familiar o la relación de pareja y familia como sistema y por lo tanto complejidades, complicaciones, conflictos y costos en el ser sexual en sociedad. Desde Yayes Sexologia Política Colaborativa en su etapa sobre los Derechos Humanos se van rompiendo los obstáculos en el abordaje desde lo prospectivo; es decir lo que podemos crear en el futuro por los dinamismos y transformaciones que estamos diariamente descubriendo o creando y lo oculto que se va poniendo al descubierto; como la castidad sexual de los clérigos y religiosas que se han construido sobre violencia, crímenes y mentiras a costa de la utilización y control de los poderosos y ricos sobre los débiles, vulnerables y pobres.

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