Mukaichí de 3 balas por 6 balas...🕯️

 Magnicidio por Magnicidio. 

                              Almirante Padilla

    El humo de la pólvora en la Plaza de Bogotá aún no se disipaba cuando el eco de seis balazos sentenció al Almirante Padilla en 1828. Luego sería ahorcado para reforzar la muerte espiritual e histórica. Murió sin rangos, despojado de insignias militares y charreteras, luego borradas sus bitácoras y documentos personales para eliminar su recuerdo como héroe naval. 

      Bolívar, acosado por la "pardocracia" santanderiana traidora en Cartagena y La Guajira, firmaba con ese rigor su propia soledad. No sabía que, al hundir al héroe de la Batalla del Lago de Maracaibo, dejaba el Caribe sin murallas. No sospecharía que en 1830, intentando llegar a Venezuela navalmente para impedir a Páez separarse de Colombia, sería secuestrado en el Caribe por la goleta yanki USS Grampus. 

    Desde el Norte, Andrew Jackson, el general esclavista que no perdonaba la invasión que Bolívar hiciera en Florida a través del escosés Gregor McGregor ni el "contagio" abolicionista, acechaba. Para el establecimiento gringo, no había nadie más Monroeísta que el presidente Jackson: un hombre que veía en la Colombia de 1830 un espejo peligroso de Haití. Si Bolívar era el hijo espiritual de Pétion, armado con los sueños de libertad negra, Jackson era el carcelero del destino manifiesto.

     En diciembre de 1830, la trampa se cerró en el mar. Sin la flota de Padilla para escoltarlo, el Libertador quedó a merced de los norteamericanos. Allí, entre el salitre y la conspiración de las logias, la simetría fue brutal: magnicidio por magnicidio. Si Padilla cayó por seis balas bajo el peso de un juicio amañado, Bolívar recibió tres balas en el silencio de un abordaje sin ley.

      Fue el triunfo de la Doctrina sobre la República, del expansionismo norteamericano sobre el panamericanismo meridional. El Caribe dejó de ser la ruta de la Unión para convertirse en el lago de un imperio que no toleraba a un Libertador con piel de gloria y promesas de igualdad.

     Una curiosa y trágica justicia kármica de un hombre enredado en decisiones complejas teñidas de un racismo Inefable. 


Alfonso Abraham Amaya Rojas

6 de Marzo del 2026 

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