Décimo sexto cuento de gestión emocional: El Lobo y el Colibrí 🐺🐦

 El Lobo y el Colibrí.


   Como ya era su costumbre, el viejo lobo observaba de lejos a la que fue su manada.Vigilante y simulando desinterés, el cuidaba desde lejos, sabiéndose fuera.En un momento de la tarde, mientras yacía disfrutando de la caída del sol, estaba adormecido y un peculiar sonido, un murmullo inconsistente llamó su atención.

   Era un sonar diferente a los que había conocido, eso lo puso en alerta.Lentamente, fue poniendo mayor atención a ese sonido, se puso de pie, aguzó su oído y buscó el origen del mismo.

     Con la tensión del cazador inherente a su ser, el viejo animal se adentraba al bosque lindante a la colina, oyendo y olfateando, tocando y observando con detenimiento cada árbol, cada mata de arbusto en busca de la causa de ese murmullo que de alguna manera, lo hipnotizaba.


     Un rayo del sol que se escondía para dar paso a la noche, con esa luz casi mágica que ilumina y confunde del atardecer, reflejó en un pequeño ser.Con brillos verdosos, esmeraldas casi, un colibrí volaba de forma intermitente, en una incoherente ruta forzada por la herida en una de sus alas.Esa era la fuente del murmullo, del sonido hipnotizante que había llevado al lobo hasta esa parte del bosque.

   El feroz animal de forma instantánea aflojó sus instintos de cazador y una nueva forma de ternura se reflejó en sus cansados ojos.Con sigilo -para no asustar- se acercó a la pequeña ave. Moduló su voz, tratando de comunicarse sin generar temor ni mayores desconfianzas. El entendía que su fama de feroz lo precedía. “Al fin y al cabo soy un lobo” pensó.


-Estás herido. Déjame ayudarte. Si sigues volando así, con ese ala lastimada, solo conseguirás cansar tu corazón.


-Puedo solo. — respondió el ave — Solo debo hacer un esfuerzo más y atravesaré este bosque.


    La cristalina voz del ave sonaba transmitiendo fortalezas no tan evidentes ni obvias. El lobo logró descifrar esa nota fuera de lugar en la voz del colibrí. Dibujó una sonrisa cálida al sentir ese entendimiento.


-Soy un lobo, pero no voy a lastimarte. Este bosque es extenso y peligroso si no lo conoces. Pósate en mi y te ayudaré a atravesarlo mientras recuperas el aliento.


-He dicho que puedo solo. Respondió el ave. Aunque ya su respuesta era menos acerada, menos determinante.


-No tengas miedo — dijo el lobo — No te ofrezco dependencias y tus metas serán logradas por ti. Solo ve que soy un vehículo, una herramienta para que lo hagas.


-No lo entiendes. Si acepto que me ayudes, deberé pagar un precio que no puedo afrontar.


-Entonces tómate un descanso, yo vigilaré en la noche y no sufrirás daño. Se te nota cansado y confuso. Conozco bien este bosque. Puedes perderte en su noche.


    El ave mostraba su evidente agotamiento. Su volar era errático y dudoso, sin rumbo ni destino claro. Más bien parecía que solo trataba de mantenerse en el aire, sufriendo por la herida de su ala.


     Con la debilidad de los fuertes de espíritu, el ave se dirigió al lobo diciendo

-Está bien. Aceptaré tu ofrecimiento. Pero debes prometerme la seguridad y la absoluta discreción. Si se sabe que estuviste para mi, puede costarme caro.

     Con suavidad, el ave se posó en el lomo del plateado lobo. Este comenzó a caminar muy lentamente, buscando la comodidad del ave.

-¿Estas seguro que no quieres que te lleve al fin de este bosque?


-Estoy herido. Pero debo llegar a mi destino, aunque el viaje contigo me asusta, algo me dice que puedo confiar en ti. Acepto tu ayuda, llévame hasta ese lugar del fin del peligro.


-Bien -respondió el lobo- Hacia allá iremos. Tu solo descansa, recupérate de tu herida.


     La voz del lobo sonaba con seguridad y con fuerza protectora pero no amenazante. Eso hizo que el ave se relajara y empezara a tomar la calidez de la piel del lobo. Casi sin notarlo, cayó en un sueño reparador.


      La presencia de las hadas nocturnas — esas que se disimulan en luciérnagas — quienes murmuraban con sorpresa la presencia de el viejo lobo salvaje y plateado llevando al colibrí herido en su lomo, se hacía evidente. Sus luces tenues y esporádicas marcaban el camino elegido por el lobo para atravesar el bosque y llevar a destino seguro al ave.


     Luego de un tiempo sin medida, el ave despertó en medio de la noche.

-¿Dónde estamos? Preguntó con algo de confusión


-Falta poco. Estamos en una etapa del viaje donde debemos ser cautelosos. Esta parte del bosque está habitada por ciertas alimañas peligrosas. Trolles y orcos se dedican a cazar en la noche. Si seguías tu volando en ese estado, hubieras sido presa fácil de algún lince o de alguno de estos habitantes que he nombrado.

-¿Porque no nos atacan?

-No pueden vernos. Somos habitantes de la luz, ellos solo perciben la obscuridad. Pueden sentir nuestra presencia, pero no lo suficientemente clara como para atacarnos. Pero sienten la obscuridad de tu herida. Tu ala rota es como una llamada para esos cazadores nocturnos. Si hubieras intentado cruzar sola en tu estado, hubieras corrido un gran peligro.


-Gracias. Gracias por ofrecerte y llevarme en tu lomo.

    La voz del ave sonó quebrada. Por un momento se dejó ver vulnerable. Aunque solo duró un segundo. Casi instantáneamente volvió a enderezar su espalda, a sacudir sus alas probando su fortaleza.

     El lobo sonreía para sus adentros. Algo en la actitud del ave, en su natural elegancia hacía que afloraran ternuras olvidadas.


     Con voces amortiguadas, conversaron durante toda la noche, conociendo cada uno pequeños secretos, pliegues de las historias que los habían forjado.

     El lobo le conto su pasada fascinación por la luna y su amistad con el ángel de alas grises. Él le contó de sus dolores, ciertas historias que dolían, su amor por sus hijos y hasta la angustia por las distancias que la separaban de su compañera.


   La noche transcurrió sin sobresaltos, con ternuras y pequeñas pero importantes complicidades.Las hadas de la noche acompañaron desde lejos el recorrido, un poco fascinadas por ese poco convencional par de seres que se notaban en comunión, otro poco por su naturaleza chismosa.

      Con los primeros rayos del sol el lobo supo que quedaba poco por recorrer juntos. Una nueva tristeza comenzó a apoderarse del animal. Como su especie tiene atávicamente en su ADN, el lobo intentó sacudirse esa tristeza con gruñidos y tensando los músculos.El ave sintió un poco de temor y este fue percibido por el lobo.


-No tengas miedo. Es solo que queda poco de nuestra mutua compañía y eso me pone triste.

-También yo siento algo de tristeza. Debo terminar este viaje solo. Me esperan al final de este bosque. Mi compañera está allí, la distancia nos separó, pero este viaje es para encontrarnos, para que ya no haya tales espacios que nos separen y duelan.


    Se obligaron al silencio. El lobo entendía que eso los protegería de la melancolía. Dolía separase del ave, pero supo siempre que eso era natural y lo esperado.


      Llegaron a un pequeño claro antes del final del bosque. Ya las hadas nocturnas los habían abandonado aunque serían el comentario casi escandalizado por mucho tiempo.


-Aquí me despido -dijo el ave- Ya estoy en condiciones de volar y quiero hacerlo solo. Quiero que quien me espera me vea pleno.


-Ha sido un placer -respondió el lobo con algo de elegancia - Tu viaje de acercamiento está terminando y la herida de tu ala está prácticamente sana. Espero que no vuelvas a sentir distancias que duelan ni tengas heridas que te lastimen.


-Gracias por la compañía. Gracias por permitirme descansar y fortalecerme.


-No tienes nada que agradecer. Ha sido un viaje adorable y le has regresado a este viejo lobo dulzuras que no sabía que aún sentía.


     El ave, con renovadas energías, sacudió sus alas y el zumbido de las mismas repitió ese efecto casi embriagador en el lobo.El sol cómplice del momento, despuntó rayos que nuevamente, envolvieron al ave en esos destellos verdosos que la volvían mágica.


-¿Qué será de ti? Preguntó con cierta pena el ave.


-No te preocupes por mi. Volveré a mi colina. -dijo el lobo con su orgullosa sonrisa y desplegando toda la plata de su pelaje.


-¿Volveré a verte?


-Talvez el señor de los tiempos cruce nuestros caminos algún día.


-Adiós lobo — dijo el ave mientras emprendía vuelo mirando hacia su destino.


-Adiós ave — respondió el viejo animal dando la vuelta.


   Antes de iniciar su regreso, el lobo aulló y emitió sus gruñidos mientras tensaba sus músculos. Los habitantes del bosque mostraron su respeto corriendo a esconderse.El lobo sacudió la tristeza con esos movimientos bruscos y comenzó su camino de regreso. El orgullo se reflejaba en su pelaje y en la expresión de ferocidad que tenía el rostro.


    El sabía que su destino era la soledad del líder en retirada.


Carlos Niz Puig

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