Vigésimo Cuento de Gestión Emocional:La Montaña de la Propia Bestia 🪞🏔️
La Montaña de la Propia Bestia 🪞🏔️
Alexios, nombre que significa "defensor" o "protector" en griego, era un joven aventurero que soñaba con escalar la montaña más alta y peligrosa del mundo: la _Montaña de la Propia Bestia Personal_ . Se decía que en esa montaña había una cueva donde había un espejo mágico que reflejaba la verdadera naturaleza de quien se miraba en él. Quien se atreviera a enfrentarse a su propia bestia interior podría liberarla o dominarla, pero también corría el riesgo de ser destruido por ella o de convertirse en un monstruo.
Alexios no le tenía miedo a nada y quería demostrar su valor y su fuerza. Por eso, se preparó durante años para el desafío. Consiguió una soga y una correa, los únicos objetos que se podían llevar a la montaña, según las antiguas leyendas. La soga servía para escalar los acantilados y la correa para sujetar a la bestia, si es que lograba controlarla. Eso pensaba él...
Un día, Alexios se dispuso a emprender su viaje. Se despidió de su familia y sus amigos, que le rogaron que no fuera, que era una locura. Pero Alexios estaba decidido y no escuchó sus consejos. Sin dudarlo y se dirigió hacia la montaña.
La Montaña de la Propia Bestia Personal era imponente y temible. Estaba cubierta de nieve y rocas, y rodeada de nubes oscuras. Alexios sintió un escalofrío al verla, pero no se arrepintió. Al llegar a la base de la montaña, respiró profundamente y empezó a caminar hacia la cima.
El camino era duro y peligroso. Alexios tuvo que sortear abismos, avalanchas, animales salvajes y tormentas. Muchas veces estuvo a punto de caer o de rendirse, pero siempre encontró la forma de seguir adelante. Se guiaba por su instinto y por su orgullo.
Después de tres días de ascenso, Alexios llegó a la entrada de la cueva. Estaba oscuro y frío, y se oían unos rugidos espeluznantes. Alexios encendió una linterna y entró con cautela. Siguió el sonido hasta llegar a una sala donde había un gran espejo colgado en la pared.
Alexios se acercó al espejo y se miró en él. Lo que vio lo dejó sin aliento. En el espejo no se reflejaba su rostro, sino el de una bestia horrible y feroz. Tenía los ojos rojos, los dientes afilados, el pelo erizado y las garras ensangrentadas. Era el reflejo de su ira, su egoísmo, su violencia y su ambición. Era su sombra demoniaca...
Alexios sintió un terror que nunca había experimentado antes. Quiso huir, pero era demasiado tarde. La bestia salió del espejo y lo atacó con furia. Alexios intentó defenderse con la soga y la correa, pero no pudo hacer nada contra el poder de la bestia.
La bestia lo mordió, lo arañó, lo golpeó y lo arrastró por toda la cueva. Alexios gritó de dolor y de terror, pero nadie lo escuchó. La bestia lo torturó durante horas, hasta que lo dejó moribundo en el suelo.
Alexios agonizaba, lleno de heridas y de arrepentimiento. Se dio cuenta de que había sido un necio al querer enfrentarse a su propia bestia personal sin conocerse a sí mismo ni aceptar sus defectos. Había desperdiciado su vida por una ilusión de grandeza.
La bestia lo miró con desprecio y se preparó para darle el golpe final. Pero de alguna forma Alexios logro escapar malherido...
Esa primera noche, después de encontrar a su bestia, al escapar de la cueva quiso ahorcarse con la correa y la soga. Pero descubrió que otros aventureros también se habían ahorcado por haber sido atacados por sus bestias, y que éstas habían bajado al mundo luego de morir. Lo supo por los cadáveres ahorcados que encontró en el camino y las huellas de bestias bajando la montaña.
Alexios se horrorizó al reconocer lo que había hecho. Había liberado a su bestia sin controlarla, y ésto podría causar muerte y destrucción a su paso. Se sintió culpable y avergonzado, y deseó encontrar una solución que no pusiera en peligro a sus familiares, amigos y al mundo.
El segundo día, pudo atrapar a su bestia de nuevo en la cueva, luego de una espantosa pelea e intentó ahorcarla con la correa, pensando que así podría acabar con ella sin dañarse a sí mismo. Pero descubrió que al faltarle aire a la bestia, también le faltaba a él. Se dio cuenta de que estaban conectados por un vínculo invisible, y que si uno moría, el otro también.
Alexios se asustó al percatarse de lo que pasaba. Había intentado matar a su bestia sin comprenderla, y había puesto en riesgo su propia vida. Se sintió confundido e impotente, y deseó poder encontrar una solución.
Esa segunda noche, decidió dejar a su bestia amarrada con la correa en la cueva hasta encontrar una respuesta. Fue en ese momento que recordó todo lo bueno que tenía en su vida, y que sintió el Amor por primera vez.
Algo cambió en Alexios. En medio de su sufrimiento, recordó a su familia y a sus amigos, que lo querían y lo esperaban. Recordó los momentos felices que había vivido con ellos, las risas, los abrazos, los consejos. Sentía una inmensa gratitud y una inmensa paz. Alexios sintió una emoción que nunca había sentido antes: el Amor. El Amor por los demás y por sí mismo. Un profundo Amor que le daba sentido a su existencia y que le hacía ser mejor persona.
Alexios cerró los ojos e hizo un último esfuerzo para solucionar la situación que había creado al descubrir a su propio Monstruo interno. Con todas sus fuerzas, colocó la correa que tenía en la mano alrededor del cuello de la bestia y la sujetó con firmeza. Y poco a poco la fue desatando...
La bestia se sorprendió. Intentó liberarse de la correa, pero no pudo. Alexios ató la soga a la correa y en ese momento la soga y la correa se hicieron invisibles pero seguían bajo el control mental de Alexios. La bestia se resistió, pero Alexios ya tenía todo el dominio emocional y mental sobre ella.
Alexios abrió los ojos y miró a la bestia a los ojos. Le dijo con voz suave:
- No te tengo miedo, ni rabia ni tristeza. No te odio. Eres parte de mí, y yo soy parte de ti. Podemos convivir, si tú quieres. Podemos bajar juntos de esta montaña y empezar una nueva vida. Una vida donde haya paz, armonía y amor. Dónde brindemos alegría, gratitud y amabilidad a la humanidad y el Planeta...¿Qué dices?
La bestia se quedó quieta y lo escuchó confundida. Al principio, no entendió lo que Alexios le decía. Pero poco a poco, fue comprendiendo. Fue viendo lo que Alexios veía,oyendo lo que Alexios oía, sintiendo lo que Alexios sentía...
La bestia se calmó y dejó de luchar. Se acurrucó junto a Alexios y le lamió las heridas. Alexios le acarició el pelo y le sonrió. Los dos se miraron con ternura y se abrazaron. La había domado como los gauchos a los caballos: con Benevolencia y Buentrato...
Alexios había logrado lo imposible: había dominado a su propia bestia personal con el poder del Amor. Había honrado su nombre: ahora era el Protector de la Bestia y el Defensor del Mundo.
Alfonso Abraham Amaya Rojas











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