El viaje 🧳
El viaje 🧳
Imagina que encuentras, en un viaje a un lugar maravilloso, a alguien que amaste o amas profundamente, y ves que esa persona lleva mucho equipaje: 6 o 7 maletas muy grandes, muy pesadas, y que con mucho esfuerzo las carga ella sola. Tu amor te impulsa a ir corriendo a ayudarle, mientras le saludas y le expresas la alegría de encontrarle en ese lugar. Esa persona te responde con reciprocidad y te dice: "En estas maletas llevo todo lo que quería compartir con las personas que me encontrara en este lugar y...¡ Justo te encuentro a ti!".
En ese momento, tú recuerdas tu equipaje y las cosas que también trajiste para compartir.
En ese viaje, tú y esa persona descubren que no necesitan mucho de ese equipaje: que mirando a los ojos y hablando lo que tenían en el corazón, mucho del mutuo equipaje desaparecía misteriosamente.
Lo mejor era que comprendieron que el equipaje que desaparecía no era necesario para disfrutar el viaje. Compartir desde el corazón, y ser validado con sinceridad eliminaba las cargas innecesarias.
Muy pronto se dieron cuenta también, que la estadía en aquel hermoso lugar sería larga y corta a la vez.
También percibieron que las emociones que sentían afectaban el clima de ese lugar: las tristezas provocaban tormentas, los miedos provocaban temblores, las rabias hacían humear el volcán cercano. Sabían que cuando habían inundaciones o huracanes era que alguien, en algún lugar se había suicidado. Sabían que cuando se desataban incendios era que alguien desataba su alegría de forma inadecuada o con sustancias innecesarias. Comprendían también que cuando alguien cultivaba su melancolía, su temor y su hostilidad, los campos florecían y los huertos daban frutos. La gratitud y la amabilidad embellecían los paisajes. Y la alegría iluminaba los rostros, las miradas y los rayos del sol. Encontraron además que ser ecuánimes ayudaba a la Naturaleza a regenerarse a voluntad, sin interferencia humana.
Sabían, que tarde o temprano, el viaje terminaría para alguno de los dos, y habría que despedirse. Aunque quizá luego se encontraran o no en otro lugar.
Compartir desde el corazón esas vivencias hacía más placentera la estancia y más tolerable el dolor.
¿Y tu viaje cómo va?
Alfonso Abraham Amaya Rojas
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