La intención por un Mango 🥭

 

La intención por un Mango.🥭

Hoy ví un mango maduro en el árbol de los vecinos desde el balcón trasero donde vivo.Dónde estaba era imposible que pudiera alcanzarlo o cayera en el balcón.

Lo deseé pero sabía que estaba fuera de mi alcance y renuncié a ese deseo...Pero de verdad lo deseé...

Horas después fui al balcón y estaba un mango en el suelo...

Miré el árbol del vecino y el mango no estaba allí...

¿Era el mismo mango?

Lo dudé...Pero era real...

Recordé que ayer leí sobre las coincidencias extraordinarias que recopilaron Wilhelm Von Scholtz, Carl Jung y Paul Auster a lo largo de sus vidas. Un  alemán, un suizo y un gringo atentos a fenómenos cotidianos e insignificantes para la mayoría.

Montero Glez en un artículo llamado "La causa sin causa" narra lo siguiente del gringo: "Paul Auster cuenta que, en una ocasión, su mujer le lanzó dinero por la ventana para que comprara no sé qué. Cada vez que lo recuerda, el escritor puede ver con claridad fotográfica la imagen de una moneda volando por el aire “como si la moneda formase parte de un sueño recurrente”. Al final, la moneda chocó contra la rama de un árbol y rompió la trayectoria que iba hasta la mano de Auster. El escritor se agachó a buscar la moneda entre la hojarasca, pero no la encontró. La moneda de diez centavos se había esfumado para siempre. Ese mismo día, Auster asistió a un encuentro de béisbol en el Shea Stadium. Hacía mucho viento y, mientras esperaba a que abriesen el estadio, se refugió para poder encender un cigarrillo. A sus pies encontró una moneda de diez centavos. Se agachó y la cogió. “Por absurdo que pueda parecer, tuve la certeza de que eran los mismos diez centavos que había perdido en Brooklyn esa misma mañana”, cuenta Paul Auster en El cuaderno rojo, una recopilación de historias verdaderas donde cada una de ellas presenta en su interior lo que él llama “mecánica de la realidad”, y donde las coincidencias significativas son el atributo en común."

Del alemán, Glez relata por su parte: "Wilhelm von Scholz recoge la historia de una madre que llevó un carrete a revelar a la tienda después de hacerle una foto a su hijo, pero que no pudo recogerlo porque estalló la guerra. Pasados los años, compró un carrete para fotografiar a su hija, nacida en plena guerra. Cuando reveló el negativo se encontró que estaba impresionado dos veces. La imagen que había debajo era la de su hijo, fotografiado por ella misma en 1914."

Del suizo Glez escribe: "El mismo Jung pone de ejemplo el caso de una paciente que, cuando estaba relatando su sueño donde aparecía un escarabajo, en ese mismo momento, apareció un escarabajo en la ventana de la consulta. Desechando las causas fortuitas, Jung se dispuso a estudiar el fenómeno de las casualidades en términos de física cuántica. Para ello, contó con la colaboración del físico Wolfgang Pauli, protegido de Einstein alumno de Neils Bohr, compañero de Heisenberg y premio Nobel de Física en 1945, que propuso la existencia del neutrino, una partícula subatómica compuesta por una masa mínima y difícil de medir. La relación entre Jung y Pauli dio como resultado un curioso trabajo titulado La sincronicidad como un principio de conexión acasual."

Yo mismo he vivido estás coincidencias significativas de la sincronicidad, como la vez que en mi caminata a Caracas desde Cúcuta, me quedé unos días en Mérida y me aceptaron el nombre "chamánico" de Colibrí y unos días más tarde caminando por Trujillo un colibrí recién muerto aparecía en mi camino.

Mientras escribo estás palabras me he comido el  mango que en la mañana deseé...Estaba delicioso...

¿Qué tiene que ver la moneda que lanza una esposa de un gringo y se pierde en el pasto de su casa para luego encontrarla en un estadio, con un rollo de camara de una alemana que se revela con su hijo en dos momentos históricos distintos, con un escarabajo que aparece en una consulta psicológica de un suizo cuando una paciente le habla de un escarabajo soñado  con un colibrí venezolano recién muerto en un camino y con delicioso fruto de un árbol colombiano de mango?

Tal vez, como dice Glez "el universo es un “todo” donde el observador interviene en lo observado, participando en ello."

Tal vez observar genera un hipercampo de Intención desde el corazón humano...

Tal vez solo necesitamos atender y tener enfoque para ser testigos de la maravilla de cómo podemos transformar el cosmos...

Alfonso Amaya.

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