Animal Hadal
Animal Hadal
Preticor
en el aire...
Tierra en agua volando,
me hace respirar profundo...
Me da vida...
Pienso
en lo que ha quedado
atrapado entre la tierra y la luna,
entre mis lágrimas...
Preticor del alma...
Llovizna fina
sobre mi piel,
mi ropa y el huerto...
Siento el frío...
Oigo que alguien
se pregunta cantando
qué pasaría si encontrara
un alma como la suya...
Preguntas
surgen dentro de mí
como llovizna de surtidor...
Llanto por temas
incontestados e incontestables...
Temas que asquean superlativamente...
Me pregunto
cómo he tenido
tanta longanimidad...
Llovizna salada del alma...
Goteras
sobre charcos...
Aguacero que borbotea...
Verde mojado
sobre la tierra...
Todo vive y revive
cuando el río convertido en nube
se derrama de tristeza...
Una relación no es amor...
Amor es una forma
de vivir con todo lo viviente...
Encuentro una respuesta
al aguacero del alma...
Oscuridad
sin preticor ni lluvia...
Un grillo canta...
Oigo una mujer
que canta lo que todo hombre
quiere oír de la mujer que ama:
Brisa del mar
que puede convertirse
en tempestad por estrógenos
que adoran testosterona...
Mis ojos húmedos
en silencio entienden
que no hay un "ella"
que haya anhelado
esa transformación
en mi injerto
en la epidermis fotónica...
El grillo de mi alma
no deja de cantar...
Deseo
el preticor
del alma...
Y el origen
del dolor
es ese deseo...
Y esta
asquerosa y superlativa
errancia humana
me hace llegar
a una zona hadal...
Dónde la única luz
es de un animal salvaje
en ese Hades ...
Ese animal es mi alma...
Y esa agua
a más de once mil metros
de profundidad,
con mil cien atmósferas de presión
en cada gota...
Como una supercluster
con cien mil galaxias comprimidas
en medio del cosmos...
Son mis lágrimas...
Y eso,
paradójicamente,
me hace sonreír...
Alfonso Abraham Amaya Rojas
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