Delirio de lirio.
Delirio de lirio.
La jardinera
después de calas blancas
tuvo lirios rojos...
Después
los gatos y gatas de la calle,
y el descuido de la casa
hicieron de la jardinera
un desierto de lirios...
Cierto desierto
de un delirio de lirio
también tuve en mi jardín...
Tú:
Un lirio del desierto
de cierto delirio...
Estuve
Himerante,
Limerante,
Delirante...
Ante
Esa lirio
Himeranta,
Limeranta,
Deliranta...
Mi delirio de lirio
de mi cierto desierto...
Hizo de mí
Un médano florido...
De una sola flor...
Un páramo de un frailejón...
Un helecho desparramado...
Amado...
Hecho...
Ramo...
De flores de
manzanillas,
margaritas,
girasoles...
Flor y canto de humanos y aves...
Delirantes y limerantes
por el sol y la luna...
Himerantes
de Ida, Suchuma y Pingala...
Fui
Erástico...
Eroménico...
Hedonante...
Hedónico...
Limerante...
Limérico...
Delirante...
Delimérico...
Dócil
como un un ave que caza...
Con su objetivo
a cientos de kilómetros
en el ojo...
Pero dejándose sostener
por las corrientes de aire...
Avanza por el viento
mientras sigue al viento...
Aunque nadie ve su rastro
ni su destino,
el ave que caza
lo siente y lo vive...
Dócil
como el colibrí o la abeja...
Que sigue el hilo exquisito del néctar
y su memoria de amrita...
Dócil y prudente
como una serpiente emplumada
y con alas...
Un dragón
con mil ojos,
mil oídos
y medio millar de corazones...
Pero con una sola nariz...
Con un sentido del olfato hipersensible...
Y una intuición
sinestésica,
clarividente,
clariaudiente
y clarisintiente...
Lo que no ven ni oyen sus ojos ni oídos...
Cada ave vuela distinto:
Colibrí,
Golondrina,
Cotorras,
Cucuruchos,
Gavilanes,
Tucanes...
Todos con su patrón
particular de vuelo...
Todas con su matriz
particular de canto...
El lirio de mi delirio
también tiene su patrón y su matriz...
Su vuelo y su canto particulares...
Afuera
un cucurucho estaba sólo
sobre las tejas del muro:
Me conmovió de tristeza...
Al rato
lo acompañó su compañera
sobre otro nivel del muro...
Yo los acompañé también
y me conmoví de esperanza...
Y pensé:
el dragón de mil ojos,
mil oídos, y medio millar de corazones como soles está percibiéndome a mí...
Me intuye a mí...
Me perciben sus quinientos corazones...
Soy amado por muchos soles...
Que iluminan
un delirio de un lirio
de cierto desierto incierto...
Alfonso Abraham Amaya Rojas
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