Vivir sin Tiempo 🔮⏰
Ensayo sobre la forma de ir más allá de la procastinación, de la obsesiva planificación, de la repetición compulsiva de un pasado traumático o la reiterativa ensoñación de un idílico pretérito.
Vivir sin Tiempo:
Tunátya
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Por Alfonso Abraham Amaya Rojas
¿Se puede vivir sin pasado ni futuro?
La procastinación así como las obsesiones y compulsiones de planificación obsesiva o de pasados traumáticos y de idílicos pretéritos son todos desajustes emocionales. Y esto sucede porque nuestra noción cultural eurocéntrica del tiempo es contraria a nuestra naturaleza biológica y existencial. Ontológicamente fuimos diseñados como seres atemporales, sincronizados eternamente en el presente.
Todo lo que percibimos se resume a una realidad fenoménica, enraizada en la sincronicidad Jungiana, es decir, la concurrencia de infinidad de efectos en un mismo momento y cuya confluencia simbólica no tiene una causa aparente a simple vista.
Toda nuestra percepción e interpretación del tiempo se podría resumir en la ausencia de amar la vida presente con plenitud y placer. Es un temor no sólo al presente, sino además a la dignidad que conlleva y a la libertad que regala. Es paradójico que se pueda realizar una sanación discursiva del pasado o una visión alentadora del futuro solo viviendo plenamente el presente, sin noción de línea temporal; pero de ser así, tendríamos que encontrar alguna cultura, cuyas nociones lingüísticas ajenas a la concepción eurocéntrica del tiempo, le permitiera vivir sin referirse a un pasado o un futuro.
¿Existirá en el planeta un pueblo con esa cultura sin tiempo?
Pues sí existe: se llama el pueblo Hopi.
Un pueblo sin Tiempo.
Sonia Rivera en un breve artículo sobre la visita poco conocida de Albert Einstein al pueblo Hopi hace mención a la cosmovisión que posee este pueblo del tiempo y del espacio. Ella escribió lo siguiente:
"Los Hopi no tienen una noción o intuición general del tiempo como un continuo que transcurre uniformemente y en el que todo lo existente en el universo avanza a un mismo paso: un movimiento que avanza hacia un futuro, atravesando un presente y procedente de un pasado. Dicho de otro modo, carecen de una concepción en la que el observador es trasladado constantemente por la corriente del tiempo, alejándolo del pasado y desplazándolo hacia el futuro. Benjamín Lee Whorf, lingüista americano, y otros pensadores posteriores, concluyeron que lenguaje, pensamiento y realidad están íntimamente relacionados conformando el centro de la cosmovisión específica de cada cultura, y así, la cultura Hopi, expresando su propia metafísica a través de su particular lenguaje, vive y desarrolla un mundo que no contiene palabras, ni formas gramaticales, ni construcciones o expresiones para referirse directamente a lo que nosotros llamamos “tiempo”, es decir, no contiene expresiones para conceptos tales como pasado, presente y futuro, duración…"
Pero entonces…¿Cómo viven los Hopi sin Tiempo?
"Alicia en el País de las Maravillas:
- ¿Cuánto tiempo dura para siempre?
Conejo Blanco:
- A veces, solo por un segundo ".
Lewis Carroll
Rivera contesta a la pregunta del subtítulo de esta manera:
"Para un Hopi, el tiempo se asimila al espacio - sospechosa semejanza con los conocidos paradigmas de la física cuántica-: la historia de la ciencia revela que el universo emergió de un vacío cósmico y con la aparición de este universo, irrumpió simultánemente, el espacio-tiempo. No obstante, si en Occidente distinguimos entre espacio y tiempo, los hopi trasladan estas coordenadas a la distinción de "mundo objetivo" y "mundo subjetivo".
Y siguiendo esta distinción, para un Hopi, lo objetivo es aquello que se percibe por los sentidos y se manifiesta en ese preciso momento. Todo lo demás abarca el mundo subjetivo: el interior de la persona, el universo de la mente y aquello que situamos en pasado y futuro. Por lo tanto para un Hopi, cuando algo está por ocurrir, lo expresa como “algo que se acerca”; cuando algo ya ha pasado, “algo que se aleja”.
A este movimiento los Hopi lo llaman “tunátya” y suele ser traducido, generalmente, como esperanza: “está en la acción de esperar, espera, es esperado, piensa o es pensado con esperanza”. No obstante este verbo, “tunátya”, contiene en la raíz de la intención que revela su expresión, la idea asociada a lo que llamamos, “deseo”. Habla, por tanto, de un devenir de “esperanza-deseo”, es decir, un movimiento que refiere a un estado evolutivo o un nivel de manifestación del sujeto. Así, cuando algo se “acerca”, lo que ocurre es que lo subjetivo se va concretando hasta hacerse objetivo. Y cuando se “aleja”, lo objetivo se disuelve en lo subjetivo. Este proceso es gradual, y a medida que un suceso se hunde en el pasado, va perdiendo objetividad hasta hacerse totalmente subjetivo y, en cierto modo, borroso -pero no por ello menos real-.
La distancia tampoco se expresa en términos absolutos, sino en función del esfuerzo y la complejidad que supone ir de un punto a otro. Es un pensamiento pragmático dónde la trayectoria es descrita por las fuerzas requeridas para realizarlo. Por lo tanto un Hopi no concebiría expresiones tales como “dentro de 5 años termino una carrera” o “dentro de 6 meses término un proyecto” con nuestras mismas coordenadas cognitivas porque el tiempo, en su mundo conceptual, no conforma una entidad separada del sujeto que lo expresa. De esta manera, un indio Hopi, aplicando el concepto “tunátya” y siguiendo los ejemplos anteriores, diría: “dentro de cuánto deseo terminarás la carrera” y “dentro de cuánto deseo terminarás el proyecto”."
Tunántya: una noción liberadora.
"Así como un pez
Que ignora el océano,
está el hombre en el tiempo".
Issa Kobayashi.
Tunántya como verbo hopi, se nos complica comprenderlo en castellano. En nuestro idioma tendemos a convertir los fenómenos en sustantivos, lo cual reduce su dinamismo. Sin embargo, en Venezuela tenemos dos palabras que, según mi opinión, se acercan mucho a la idea de tunántya y son el sustantivo "ganas" y el verbo "restrearse". Tener "ganas" o "rastrearse" impulsa el movimiento para la realización de nuestras subjetivas metas o realizaciones.
Pero en el universo Hopi todo lo que existe tiene "ganas" de ser lo que puede llegar a ser, es decir, todo lo que existe está restreado a ser. Todo lo material e inmaterial tiene el mismo estatus ontológico que el humano para el pueblo Hopi: las estrellas, las rocas, las plantas, las montañas, el planeta y hasta el mundo de los espíritus y del Gran Espíritu. Y todo está unido, por lo cual ningún ente o ser es más o menos importante que el humano. La semilla tiene ganas de ser planta, la estrella ganas de restrearse en un viaje de millones de años luz, el Planeta tiene ganas de hablar a través de un ser humano y el ser humano aspira convertirse en estrella.
Por lo tanto, todo puede enseñar algo para el Hopi, porque todo ejerce tunántya y todo es parte de la humana tunántya. Observar la naturaleza, es contemplar las ganas que tiene la naturaleza de ser lo mejor que puede devenir de sí misma, y a la vez es contemplar el devenir de la misma humanidad colectiva e individual.
Todo lo que se acerca y se aleja en la contemplación del tunántya tiene resonancias en nosotros, en todos y en todo. Es un movimiento en espiral, sin tiempo, donde todo surge en lo objetivo tangible y se sumerge en lo subjetivo real y efímero. Por eso orar para un Hopi no es pedir algo que falta a un espíritu lejano, sino más bien agradecer algo que ya está ocurriendo en lo subjetivo y que emergerá sin duda alguna en lo objetivo de la naturaleza. De igual forma, el uso de la palabra es distinta para un hopi: una palabra dada es algo tan sólido como una roca y un trato verbal algo tangible como un contrato en papel.
Lo destacable en esta constante transformación hopi, es que tunántya es una acción interna tan real como mover un brazo o una pierna. No existe la división entre un yo personal y un tiempo externo al cual someter o que somete, hace envejecer, cura todo, pone todo en su lugar, premia o castiga. Esta visión humana de un tiempo externo es ajeno al hopi, por el estatus ontológico propio que adquiere todo lo objetivo y lo subjetivo en su cosmovisión.
Me atrevería a realizar semejanzas entre tunántya y otros términos culturales como Samskara, Kaizen o Katugua. En la filosofía Samkhya un samskara es la semilla del karma, la fuente de la acción y reacción en cualquiera de los cinco "cuerpos" o koshas que envuelven el Atma. De hecho, se considera a la meditación una forma de disolver estas semillas o samskaras, ya que ellas son las que crean la realidad, que a su vez genera nuevos samskaras. Por otro lado, Kaizen en japonés significa literalmente "cambio para mejor" e implica una filosofía y metodología para el mejoramiento continuo y constante en un porcentaje de al menos un 1% cada día. Katugua en idioma guaraní abarca la noción de "lugar de lo posible": la infinita posibilidad del ser, desde donde todo surge y hacia donde todo se sumerge.
Esta noción de tunántya nos permite reconocer al inexistente "tiempo" en la cultura hopi, como una realidad emocional, subjetiva y objetiva, de todos los humanos. El "tiempo" occidental eurocéntrico se nos revela en cierta forma como un "órgano" de cada uno de nosotros y de la humanidad entera. Sembrar el miedo y el temor, de cualquier naturaleza, destroza la percepción y administración del "tiempo" personal como factor subjetivo del proyecto de vida o libertad fenoménica. Y ésto sucede ya que la energía que oscila entre los miedos y las fobias acaban con la capacidad interna de decisión o libertad ontológica. Sólo la siembra del amor y del valor intrínseco y extrínseco como persona - o las llamadas dignidad ontológica y dignidad fenomenológica-, pueden brindar protección y sanación de todo miedo o temor que destruya la capacidad de decidir y proyectar una realidad más armónica y de bienestar, es decir un presente más amable en el futuro. La procastinación o la compulsión de planificar el "tiempo" no mejorarán a menos que trabajemos internamente en los factores emocionales que han dañado el "órgano" de las ganas, de restrearse. Limpiar el canal humano por el cual fluye tunántya de lo objetivo a lo subjetivo y visceversa.
Ya sea que vivamos en el universo del Tunátya hopi o con la convicción del tiempo occidental, lo importante es asumir que tener ganas de ser lo mejor que podemos ser y observar como todo alrededor está siendo lo que es, nos ayudará a percibir que estamos "Caminando hacia el pasado, volviendo al futuro" en el eterno momento presente.
Escrito el 12 de julio del 2.021.
En el jardín.
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