Herencia Pacifista Indígena
Herencia Cultural Pacifista de los Pueblos Originarios:
Estrategia de Resistencia Cultural
contra la Depredación Neoliberal.
“El movimiento de los nativos americanos debe basarse en la espiritualidad, sin un fundamento espiritual ninguna organización jamás conseguirá nada. De hecho, sin una base espiritual todo se vendrá abajo.”
Phillip Deere
Estas palabras del líder de la organización AIM (American Indian Movement) Phillip Deere pronunciadas en la única entrevista audiovisual que realizará en los años setenta, tienen dos tipos de vigencia: la temporal, ya que persisten con igual importancia hasta el día de hoy; y la espacial ya que son aplicables a todo el continente americano, desde los grandes lagos de Cánada hasta la Patagonia, espacio que hemos denominado Libertoamérica. La única salvedad es que este pensamiento no sólo indica una excelente admonición para los pueblos originarios que han sido históricamente depredados en este continente, sino también para todos los países que han surgido de los gérmenes imperialistas de España, Inglaterra, Portugal y Francia en Nuestras tierras.
Cuando hablamos de un fundamento espiritual en organizaciones para la defensa de pueblos nativos u originarios nos referimos a valores que aunque se presentan particulares en las diferentes creencias religiosas de dichos pueblos son valores comunes al resto de religiones de la humanidad. Este fundamento espiritual puede ser la base de la Resistencia Cultural para los pueblos de Libertoamérica, Iberoamérica y en fin para todos los pueblos del mundo que tienen anhelos de libertad.
Exploraremos un poco estos conceptos. Según el autor Everardo Garduño, en su artículo “Cuatro ciclos de resistencia indígena en la frontera México-Estados Unidos”, es vital el concepto de resistencia para entender las relaciones de poder que han devenido en la realidad de los indígenas del norte de México, ya que “este concepto permite entender el poder como fuerza que constituye, atraviesa y produce a los sujetos; es una fuerza que recorre el campo social, los espacios cotidianos que se convierten en espacios de guerra, en espacios estratégicos”. Este mismo autor cita luego a James Scott cuando clasifica las formas de resistencia en abiertas y públicas por un lado, y en encubiertas y cotidianas por el otro. Expresión de las primeras son los boicots, las protestas, la invasión de tierras y las rebeliones; de las segundas tenemos los rumores, los chismes, los cuentos tradicionales, las canciones, los rituales, los códigos intragrupales, los eufemismos y buena parte de la cultura tradicional.
En este mismo orden de ideas deben entenderse todos los conocimientos que podamos extraer de las observaciones polemológicas e irenológicas de la historia de nuestros países, ya que todas estas luchas armadas o no-violentas tendrían un mismo sentido: la resistencia cultural y la supervivencia física. Cuando el autor Alfredo Jaliffé afirma que Latinoamérica debe asumir “un pacifismo guerrillero”, a pesar de no profundizar en la idea, deja entrever que se refiere a una estrategia global de paz pero con tácticas de guerra de guerrillas para lograr los objetivos de resistencia cultural ante la depredación neoliberal. Entonces significaría crear focos de resistencia cultural pacíficas en miles de espacios, parafraseando al Che Guevara necesitaríamos dos mil focos de resistencia pacíficas, encubiertas y cotidianas para vencer el avance del poder necrocrático.
A continuación, nos enfocaremos en algunos ejemplos de resistencia cultural pacífica de pueblos originarios, que nos pueden ayudar a comprender y a guiarnos hacia la base espiritual que según Deere debe constituir nuestras organizaciones de lucha social. Para ello emplearemos los ejes epistemológicos que Vicent Martínez Guzmán, irenólogo transkantiano, considera básicos para la investigación de la paz: 1) La dialéctica intersubjetiva universal como marco de una ética de la justicia; 2) La dimensión práctica de la construcción de la paz; 3. El compromiso con valores frente a las trampas de la neutralidad; 4. El individuo común como agente histórico determinante; 5. La no-violencia u inofensividad, metodología activa de cambio social; 6. Género, medioambiente y diálogo intercultural.
1.- Dialéctica Intersubjetiva Universal como marco de una ética de la justicia:
Cuando Red Crow Westernman, líder del movimiento nativo americano, afirma que la primera guerra mundial se inició cuando Colón llegó a las Antillas, nos dilucida la profunda diferencia subjetiva entre la ciencia histórica occidental y la perspectiva del mundo Hopi. Establecer contacto con estas múltiples perspectivas de nuestros pueblos y la defensa que ellos mismos realicen de su visión histórica es una enriquecedora dimensión de resistencia pacífica cultural que la humanidad debe aceptar.
2.- La dimensión práctica de la construcción de la paz:
La ética del palabrero Wayuu como especialista en resolver los conflictos entre clanes de su etnia e incluso con los “hombres blancos” nos muestran a un milenario “ombudsman” o “juez de paz” de dichas comunidades que ahora se estudia como justicia reintegrativa en cuanto a las decisiones consensuadas. Muchas culturas originarias tienen tradición de resolución de conflictos mediante la construcción efectiva de medios pacíficos. Incluso algunas disciplinas científicas como la psicoterapia han adaptado técnicas de mediación como la “Silla Waika” para resolver conflictos entre líderes grupales.
3.- El compromiso con valores frente a la trampa de la neutralidad:
Leyenda Wayuu del demonio del hombre blanco que trae la muerte a este pueblo, el origen del pueblo Zapoteco como hombres que descienden de las nubes o los Hopi que salieron por una caña del inframundo, son paradigmas desde los cuales se inicia la resistencia cultural: “somos un pueblo con una identidad única, que nos diferencia de los demás”. La denominación de muchos pueblos originarios en sus lenguas enfatiza de hecho esa resistencia: por ejemplo taíno (buenos humanos). Su lengua, sus costumbres, sus anhelos sostenían unos valores que llevaban a la práctica en cuentos, historia, denominaciones, hábitos, etc.
4.- Individuo como agente histórico determinante:
La definición de sabios para los Náhuatl, los Tlamatinime, se refería a aquellos hombres que formaban el rostro y el corazón de los hombres: para los Nahuas el hombre maduro tenía un corazón firme como la piedra, un rostro sabio, era dueño de una cara, de un corazón, hábil y comprensivo. Se observa claramente que se educaba no sólo para integrar pensamiento y sentimiento, sino también las actitudes coherentes con las responsabilidades sociales. Los Tlamatinime tenían que dar un rostro a los demás, hacerlos cuidadosos para que brindaran luz al mundo. Se educaba para generar agentes responsables de cambios sociales.
5.- La no-violencia, metodología activa del cambio social:
El ejemplo del pueblo Nasa en la defensa de sus territorios milenarios es una guía de no-violencia activa y actual. Otros pueblos originarios de libertoamérica plantearon la acción antes que las palabras, y daban prioridad a la paz antes que a la guerra. Hopi viene de la palabra “hopitu” que traduce “pueblo pacífico”. Líderes como Barboncito, del pueblo navajo, son recordados con apodos como “el orador”, “bendición en alta voz”, “el que está ansioso por dar un paso adelante” y “el jefe de la paz”.
6.- Género, medio ambiente e intercambio intercultural:
El jefe del pueblo Lakota conocido como Toro Sentado decía: “Los ancianos sabios Lakota sabían que el corazón humano alejado de la naturaleza se vuelve difícil. Sabían que olvidar el respeto debido a todo lo que crece y vive, lleva también a no respetar al hombre. Así que se el hombre se mantiene joven por las dulces influencias de la naturaleza”. Igualmente, el papel de la mujer en diferentes pueblos era fundamental: los Tlamatinime consideraban a la mujer ya lograda aquella en la que se ponen los ojos porque la feminidad está en su rostro, el cual se formaba para tal fin: la poesía, la flor y el canto era la auto-expresión de la vida en la tierra, eran la manifestación del principio creador femenina. Lola Keipja, última shamana del pueblo Ona, cantaba recordando las mujeres del pueblo selknam: “¿Dónde están las mujeres que cantaban como canarios?”. Estos cantos y poesías, como por ejemplo los areítos del pueblo Taíno, no solo eran arte sino una forma de expresión libertaria femenina para afrontar la realidad favorable y adversa: La Cacica (Kachika) Anacaona fue un hito de esta síntesis entre artista, política, guerrera y heroína mártir de su pueblo. Los Hopi, por su parte, respetaban a las personas de tercera edad, tanto así que a su principal divinidad la denominaban “Konkachila” que se traduce como “El Abuelo”, así como aceptan que un hombre que llora es un hombre que defenderá a su Pueblo, porque tiene la fuerza de la compasión y la ternura. Muchos otros pueblos expresaban su unión a la naturaleza con sus mitos de origen ligados a su alimento principal ya fuera la papa, la yuca o el maíz. En cuanto a la bioética hacia los animales, se puede decir que el pueblo Zapoteco consideraba que cada ser humano nacía con al menos tres animales guardianes o nahuas y muchos pueblos originarios eran respetuosos con los animales, considerándolos al mismo nivel material y espiritual que los humanos, no había diferencia entre la dignidad animal y la humana. Por otro lado, el intercambio cultural y económico precolombino entre los pueblos del caribe fueron también un ejemplo del respeto al intercambio cultural que estaban acostumbrados nuestro pueblos originarios, al punto que a la llegada de Colón tuvieron la misma expectativa de trato civilizado de estos hombres, como la que habían realizado durante centenares de años con otras culturas antillanas.
Culminamos reforzando el hecho de que debemos revaluar nuestra historia precolombina y nuestro origen indígena no sólo bajo la propia perspectiva de nuestros pueblos sino además bajo la lupa de los criterios de la irenología o la polemología para extraer estrategias milenarias de resistencia cultural no violenta tan necesarias en nuestros días para enfrentar la cultura de la obsolescencia programada y percibida que el eje de poder necrocrático quiere imponernos en todos los aspectos de nuestras vidas.
“…La dignidad de los Pueblos Indígenas, la dignidad de los pueblos que tienen una cultura milenaria y que tienen unos saberes. Y esos saberes están allí, y por supuesto que van a estar allí para contribuir a una nueva relación entre los seres humanos en el futuro”
Rigoberta Manchú.
Psic. Alfonso A. Amaya Rojas.
Comentarios
Publicar un comentario