Lucha Eléutera

 San Cristóbal, 9 de febrero del 2020.

La Lucha Eléutera por Todos los Empobrecidos

Y el Criterio de Riqueza Humana.

He comido con el pobre y he ayunado con el rico;

y escuché crujir las botas de los asesinos de los pueblos y de Cristo.

Facundo Cabral

La necesidad de prestar voz al sufrimiento es condición de toda verdad.

Theodor Adorno

Las palabras son las herramientas privilegiadas del poder.

Manuel Gándara

                    La inspiración de este escrito surgió de la lectura de un libro de Manuel Gándara (2019) en el cual se defiende al pragmatismo epistemológico como una opción ética, política e ideológica en favor de la construcción de condiciones que contribuyan a los procesos de emancipación que son llevados adelante por parte de aquellos sectores de la población que han sido subordinados, excluidos, explotados y empobrecidos. Esta reflexión me llevó a centrarme en la palabra empobrecido, complejizándola para un accionar más amplio y esclarecedor.

            Generalmente se enfoca al clasismo como la exclusión y discriminación de las clases que detentan el poder económico y político hacia las clases empobrecidas económicamente; pero se descuida los aspectos endoclasistas de estas últimas y el clasismo hacia los grupos sociales que generan violencia económica. No se trata de defender al demonio, es un ejercicio de autoconciencia para no encontrar limitaciones emocionales y actitudinales en las acciones emancipatorias, ya que el equipaje del odio pesa tanto de un lado como del otro, y la violencia es un instrumento en manos de cualquiera con el más noble discurso.

         Creo que cada vez hay mayor Empobrecimiento espiritual y social en los seres humanos, y eso crea una sed y hambre eleutérica por el Criterio  de Riqueza Humana, compuesto por el reconocimiento y desarrollo de las capacidades humanas y la efectiva apropiación de dichas capacidades, propuesto por Gándara (2019). Y si somos amplios y honestos, esta Riqueza y aquel empobrecimiento, se encuentran en todas las clases sociales, por lo cual nuestra lucha liberadora abarca una noción sin exclusiones misantrópicas ni idealistas de ningún tipo.

         Thomas Merton entendió que la única liberación real es aquella que libera tanto al opresor como al oprimido de lo que denominó el tiránico automatismo del proceso violento. Igual noción tenía Paulo Freire sobre la liberación del opresor por parte de las acciones eléuteras del oprimido. Gandhi, por su parte trataba a todos los seres humanos con igual respeto, incluso a soldados y funcionarios del gobierno británico, que sin duda se le oponían. Condenaba la política no cooperativa cuando se le empleaba como una expresión de sentimientos de odio antibritánicos, ya que creía que para una persona no violenta todo el mundo es una familia, de la cual no debe temer  nadie ni los otros deben temerle. Nelson Mandela tuvo la misma acción inclusiva con los blancos surafricanos que apoyaban el apartheid. Diane Dreher resalta que toda acción violenta, sea de un gobierno o de un movimiento social en lucha, socava el apoyo social de quien la expresa. Por lo tanto, la consideración del uso de la violencia es un tema de estrategia política muy importante, tanto quizá como el manejo mediático o de redes, en la gestión de  informaciones en la actualidad.

         Para los Educadores en Valores Humanos, Irenología y Formadores en Paz, Buentrato y Resilencia, la cuestión de las estrategias para el logro de los objetivos políticos y sociales pasa por el abandono de actitudes maquiavélicas o violentas. El respeto a los procesos pedagógicos de Irenología, que en ocasiones son transgeneracionales, es fundamental. Un ejemplo excepcional es la lucha por los derechos al voto y la educación para las mujeres de la segunda ola del feminismo, que fueron alcanzados en 80 años por tres generaciones de mujeres comprometidas, de las cuales dos generaciones no disfrutaron de dichos logros. Son 300 de lucha transgeneracional feminista, que aún precisa de un diálogo intergeneracional entre todas la representantes de esas luchas y sus múltiples logros, tanto del pasado, del presente como con las que vendrán. Ese es el reto del feminismo actual.

            Debemos comprender el empobrecimiento intelectual, emocional, sexual, cultural y espiritual que históricamente han adolecido los detentadores del poder político. En ese empobrecimiento, han impedido la autoconciencia  del Criterio de  la Riqueza Humana en los clases excluídas por tres vías: el modelamiento directo (para yo estar mejor yo tengo que ser como ellos o estar cerca de ellos, al que buen árbol se arrima…), impedir cualquier reforma que mejore el empobrecimiento social (reducir analfabetismo, por ejemplo) y la violencia aniquiladora de quienes representen resistencia. Reconocer las limitaciones educativas de los sectores marginópatas que detentan el poder, es reconocer que su empobrecimiento integral los convierte en sociópatas y que esas sociopatías también se transmiten transgeneracionalmente a sus herederos genéticos, sociales e intelectuales. 

          Decir estas verdades a los reyes y reinas, amos y amas del mundo, sin poder quitarles su corona de miles de millones de dólares, no es quizá tan importante como comprenderlas en nuestras luchas sociales. Sus sociopatías impedirán encuentro,  reconocimiento y generarán resistencia, es inevitable. Entonces se nos presentará la hora del dilema: seguir en el camino de la resistencia para ser destruido indefectiblemente, en un devenir  transgeneracional. ¿Será esta la única alternativa para los movimientos sociales que luchan por la justicia social, el ambiente, la libertad de expresión, la dignidad de ser mujer, etc?

               El mayor genocidio de la historia de la humanidad, aún no reconocido, fue el de los más de 500 pueblos invadidos, conquistados y ocupados militarmente, en una guerra cruenta por más de 300 años. Se estima que sólo sobrevivieron el 5,5% de la población existente antes de 1492.  Nuestros pueblos indígenas jamás conocieron la llamada colonización, para ellos fue solo el exterminio. Los españoles llaman Ocupación al período histórico en el cual los árabes los dominaron en su propio territorio por 781 años. Y jamás he comprendido como si los españoles en todo ese tiempo no fueron colonizados, porque nosotros en menos centurias sí lo fuimos. Es una mentira histórica: nuestros pueblos amerígenos y luego los africanos secuestrados y traídos a nuestro territorios, siempre resistieron en formas directas e indirectas, pasivas y activas, violentas y pacíficas. De ellos tenemos mucho que aprender, de sus estrategias de resistencia cultural, pacífica y cargada de una profunda inteligencia intelectual, emocional, sexual y espiritual. Son el tesoro cultural de resistencia, resiliencia y buentrato de todos los movimientos sociales que quieran emplear el discurso de los DDHH con una narrativa de diálogo intercultural.

                  Los pueblos amerígenos y afroamericanos tienen cientos de años en la experiencias de estas luchas eléuteras, específicamente de resistencia pacífica, con una visión amplia, no excluyente. Son los únicos movimientos sociales a nivel mundial que superan la lucha transgeneracional del movimiento feminista, ya que sólo en lucha activa contra la ocupación de la monarquía española, las repúblicas liberales americanas, los estados nacionales latinoamericanos y el actual neoliberalismo global, nuestros pueblos amerígenas y afroamericanos de Nuestra América y Libero América (Pueblos Amerígenas y Afroamericanos de Canadá y EEUU) llevan más de 500 años. En este sentido,  el diálogo intercultural que podemos realizar con ellos y el diálogo intergeneracional que ellos mismos realizan con sus luchas pasadas, presentes y futuras, tienen ambos un potencial heurístico espectacular, ya señalado como el tesoro de resistencia pacífica de la humanidad. Nuestros pueblos amerígenos y liberoamericanos, con su raíz celtibérica eléutera incluida en el mestizaje genético y cultural, comprenden el empobrecimiento espiritual del leucodermo sociópata y el mestizo identificado con él, por tanto los amerígenas comprenden que sus luchas en movimientos sociales implican la transformación no sólo de las condiciones que promuevan y garanticen sus derechos sino también de tomar en cuenta el factor de empobrecimiento  de los marginópatas y de la pobreza espiritual de la cultura que preconizan. Un gran líder, Laguna Azul, de la etnia amerígena Pueblo dijo una vez al psicólogo Carl Jung lo siguiente: los blancos tienen caras tensas,  ojos penetrantes y porte cruel, están siempre buscando algo ¿Qué están buscando? Los blancos siempre quieren algo más. Siempre están incómodos e inquietos. No sabemos lo que quieren. Creemos que están locos. Creemos que lo que los blancos buscan es su propia raíz indígena europea, que en el caso de los españoles es celtibérica, perdida entre tanta barbarie y masacre en su continente. Y la pérdida de esa raíz cultural y espiritual les genera esa sed y hambre constantes de algo que no encuentran y confunden con posesividad material de los entes y seres del mundo. Pero comprender esta realidad, no ha hecho de los amerígenas seres sensibleros, al contrario les ha dado una percepción profunda y empática de su adversario, totalmente empobrecido interiormente, con una necesidad imperiosa de ayuno material o de recibir nutrimento espiritual…¿Crear discursos que potencien la emergencia de estas capacidades espirituales subyacentes en el Criterio de Riqueza Humana  en los adversarios y colaboradores podría apoyar las luchas de los movimientos sociales?

             Foucault plantea que un cambio en las prácticas discursivas  resulta indicativo de un cambio social (Cfr. Resende y Ramalho, 2006: 19-20). Y resalta Gándara (2019) que en ese sentido, entendiendo que las palabras tienen efectos reales, es importante para el pensamiento crítico tomarse en serio la potencialidad de los conceptos, pues estos sirven para mantener o transformar las relaciones de poder que atraviesan la dinámica social. La lucha por transformar el mundo pasa por la lucha por enunciar el mundo. La lucha hegemónica pasa, también, por los significados que asignamos a las cosas. El discurso es, así, campo de lucha. Necesitamos, pues, comprender la significación política del lenguaje y de los discursos que circulan (que son puestos a circular) en la sociedad, pues ellos son una plataforma de intervención en los procesos emancipatorios; desde estos discursos, desde su capacidad para vehicular ideologías y construir identidades, se desarrolla parte la disputa por la hegemonía. Gándara lo dice con más claridad: Debe entenderse que, dado que nuestra práctica siempre es una práctica teórica y que la política es la administración de las expectativas del futuro, la acción política busca controlar el lenguaje sobre el cual se construyen dichas expectativas. Las palabras construyen mundo, construyen subjetividades y definen programas de comprensión e intervención en la realidad. Implican, por tanto, una construcción política. Sin este discernimiento crítico no hay posibilidad de autonomía ni de futuros alternativos.

             Entonces la respuesta al penúltimo párrafo sería que la narrativa creativa que despierte el potencial espiritual de los marginópatas aunque no los sane de sus sociopatías, brinda una minúscula posibilidad de que suceda y además brinda a los movimientos sociales de aliento motivacional hacia adentro, ya que estos discursos mantienen la motivación de sus luchas. Por lo tanto son necesarios crearlos y recrearlos constantemente. Lo más urgente es contar con una nueva capacidad de espanto y de indignación que sustente una nueva teoría y una nueva práctica de inconformismo desestabilizadora, es decir, rebelde (De Sousa Santos, 2003: 57). Todo ello apunta a la configuración de un nuevo imaginario social inconformista y creativo, crítico y lúcido… incorporando los afectos, las sensaciones, las pasiones y la búsqueda de sentido (Gándara, 2019) También es necesario ocuparse de la potencialidad que el discurso histórico de los derechos humanos tiene como instrumento de poder y de control y, también, como factor de construcción social de la realidad, con mayor Criterio de Riqueza Humana. Pero emplear tiempo para preparar estos discursos, cuando la realidad pide acción urgente, amerita empatía y amabilidad con un futuro que pertenece al pasado de nuestros pueblos, un regresar a un ciclo prospectivo que requiere a su vez explorar el Criterio de la Riqueza Humana personal que el discurso comprometido con el diálogo intercultural e intergeneracional pudiera realizar. Es conversar con nuestros ancestros y ancestras muertas, y con nuestras descendientes que aún no han nacido, y oír con respeto el discurso en sus propias voces, dando voto a sus voluntades en el consenso. La práctica social a favor de los derechos humanos exige no solo una formulación teórica atractiva, una idea convocante y movilizadora, sino que requiere también tener sustento en los afectos y emociones de la gente, sostenerse en la capacidad para apasionar y vincular desde los quereres, convocando a la totalidad de la persona. El reto consiste en ser capaces de ofrecer propuestas lúcidas, lúdicas y sabias.(Gándara, 2019). Propuestas qué despiertan su Riqueza Humana para la Acción Transformadora, Intercultural, Transgeneracional.

             Lo anterior amerita crear ciclos de compasión, pasión, indignación y amabilidad, sembrar un discurso de los DDHH desde la empatía, la solidaridad, la generosidad y el diálogo intercultural e intergeneracional, con la comprensión que sus frutos se verán cientos o miles de años después. En definitiva, cuidar la vida como paso necesario para cuidarnos a nosotros mismos (Herrera Flores, 2008). Es el reto de la resiliencia y el buentrato político. Cuidar tu propia vida, es cuidar la lucha de tus ancestros y tus descendientes. Pero entra aquí lo que hemos denominado el dilema de la Rosa Negra: en el mundo de las rosas ellas se protegen con las espinas, vivir o morir por la esperanza de una mayor dignidad y libertad, una mejor vida; para cuidar esta esperanza hay que estar vivo, pero a veces se tiene que morir para cuidar esta esperanza; cuidar mucho la vida para cuidar la esperanza puede llevar a la cobardía y a la traición, y matar o morir mucho para regar las esperanzas puede llevar a la tiranía o el caos. La Rosa Negra es el símbolo de esa esperanza de dignidad y libertad en la vida, y lo anterior es su dilema. Los sabios amerígenas, conscientes de este dilema,  tomaban sus decisiones en consenso tribal, sabiendo que los ciclos derivados de  sus decisiones afectarían a siete generaciones en el futuro. Cuidaban la vida y la esperanza, y las honraban con una muerte digna de ellas, sin odios ni resentimientos, de ser necesario. Lao Tsé Tung en el Tao Te King escribe que: cuando se resuelve el conflicto y queda resentimiento, renacerán los conflictos; y sostiene que la gente que sigue el camino de la rectitud que nace del corazón trabaja para el acuerdo, negocia sabiamente buscando soluciones, sin echar culpas a nadie, ya que los mueve la compasión la empatía y la sabiduría. Herrera Flores, por otro lado,  sostenía que las pasiones, con frecuencia, superan la fuerza de la razón y que nunca pueden ser dominadas por el dictado racional, sino solo por una pasión contraria y más fuerte Por ello apostaba por el fomento de “pasiones alegres” que permitieran el empoderamiento humano como base material de la dignidad. En esta tarea de “educación pasional”, de animación de un nuevo horizonte de sentido en el que participamos como seres racionales y pasionales, el arte y la cultura se constituyen en un campo  de construcción a ser asumido por los actores que apuestan por una transformación social en clave emancipadora. Sabía que una de las leyes del control y la dominación es el miedo y que el arte, la cultura, es hablar y no callar, cooperar, liberar la energía libidinal de la palabra, afirmar la singularidad creativa de los sectores subalternos (Sierra Caballero y Del Moral, 2012). Herrera Flores asumía “el arte como elogio del movimiento” porque sabía que lo lúdico, lo estético, lo pasional, lo intuitivo, e incluso lo denominado por el orden como irracional, son dimensiones de lo humano y participan de su proceso de liberación. Por eso tiene sentido actuar “en nombre de la risa”, gracias a su capacidad disruptiva y descalificadora de lo convencional, de apertura de posibilidades insospechadas; no en nombre de la risa fácil del que resignadamente se acomoda a lo dado, sino de la risa que se enmarca en la acción que subvierte el orden negador de la dignidad de las personas.

             Todos los saberes anteriores junto a la conciencia del Ubuntu africano, en el cual todos somos expresión de la Vida, nos dan herramientas epistémicas que permiten el diálogo intercultural e intergeneracional con el discurso de los DDHH, en el cual se pueda expresar el potencial de la Riqueza Humana en las múltiples diferencias que existen entre nosotras y nosotros como parte de la especie homo sapiens sapiens, pero desde una conciencia heliconómica y centrífuga que surge del placer de vivir, desde el orgasmo, la alegría, la risa, la vida en comunidad, con un sentido de nosotros donde se incluya a las demás especies, todas inteligentes con la naturaleza como sustentadora vital de esa gran inteligencia en común. Esta conciencia de Nosotroidad o Heliconomía crea una vinculación histórica que permite un discurso de los DDHH desde lo más profundo, los más de abajo, los pobres, las mujeres, las más pobres, el Planeta, el más pobre y abandonado. Y los más empobrecidos espiritualmente, ese uno por ciento, que nos oprime para despertarnos a esta conciencia de lucha permanente por un futuro diferente, con otra mirada.

Este mirar a donde otros no han mirado convierte al científico social

en un arqueólogo subversivo (sub vertere, la versión desde abajo).

Monedero

Alfonso Abraham Amaya Rojas 

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