Lazos y jaulas
"También tuve lazo, correa y hábito de domesticidad. La humana que me domesticó fue sádica, cruel y deliciosa. Darme migajas de sexo, afecto y tiempo con celotipia y menosprecio constante a mi valor profundo y superficial fueron sus tácticas de lavado cerebral y domesticación. Conforme a su violencia, cuando más herido, desesperanzado y hambriento estaba, me abandonó. Me sentí como un perro que atado por un lazo veinte años a un lugar donde lo medio alimentaban y medio lo cuidaban, de pronto le cortaron ese lazo y lo echaron a la calle. Como un ave a la que abrieron su jaula y tuvo que desempolvar sus alas para buscar agua y alimento. Sobreviví y aprendí a volar hambriento, sediento y libre. Por eso ahora entiendo que la mujer que tiene hábitos de tener amo y domesticidad, por su cruel entrenamiento, sólo puede brindar dolor y castigo. No conoce otra forma ajena al sadismo ni al masoquismo cuando su erotismo se refleja tímido y enfermo en alguien que cree le dará fuerzas para escapar de su prisión. No ha comido alpiste en libertad. El Gabo tiene razón: la soledad no es libertad, ni el amor una jaula. En la antigua Grecia no había templo ni oráculo para la diosa de la Libertad, ya que ella, Eleuteria, era un rasgo esencial de todos los dioses del Olimpo. Es decir, es divino ser libre, y el amor, por ser divino también guarda celosamente su esencia eleutérica. Por eso entiendo el sadismo de buscar y abandonar a quien realmente te ama cuando se tiene lazo, y el masoquismo de atraer y repeler tu amor verdadero cuando no te has quitado la correa ni la jaula. Así también reconozco en este momento, que sólo dos seres libres pueden amarse real, total, digna y profundamente."
Alfonso Abraham Amaya Rojas
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