Consuelo y Antoine
Estoy muy alegre, encontré tres canciones que había perdido...
Una de ellas fue la que compuse cuando conocí la historia de amor entre Consuelo Suncín, escritora y escultura salvadoreña y Antoine Saint-Exupéry, el escritor de "El Principito". Siempre intuí que había algo latinoamericano en esa historia y era Consuelo la esposa de Antoine. Ella se casó vestida de negro, era liberal, asmática, ninfómana tal vez y además "indígena". La familia aristocrática desde el siglo XII de Antoine nunca la aceptó: eran monárquicos, antisemitas y xenófobos. Antoine nunca comprendió a Consuelo y visceversa. Marie Helen Carbonel escribió sobre "El Principito":
"Se ha querido presentar como un cuento para niños pero no lo es de ningún modo. Es un libro que escribió (Antoine) para pedir perdón a Consuelo: un acto de contrición".
Antoine murió cuando su avión fue derribado por alemanes en 1944. Un pescador en el 2014, encontró su anillo de matrimonio en un río francés y Consuelo surgió de las sombras. Ella era la Rosa. Luego conocí la historia de un jardín de rosas en Japón en honor del cuento, del francés y la salvadoreña. Y surgió la canción. Mi canción une el cuento, la realidad de este amor desgarrante para ambos y su trascendencia literaria. Su letra es así:
Mi planeta es muy pequeño
del tamaño de una casa,
se parece al del humano.
Allí viven tres volcanes
y limpio a mi asteroide de semillas-pesadillas...
También vive una rosa,
hermosa y vanidosa.
Es toda rebeldía,
con su alegría y cuatro espinas
ganó mi corazón.
Ganó mi corazón...
¡Ganó mi corazón!
Esta rosa aborigen
libre fue volando...
( Cual semilla)
Hasta mi vida...
La hizo suya
y se hizo mía...
Y la hice mía...
Frágil cuando tose,
fuerte cuando ama
en un domo de cristal...
Y rompió mi corazón
con tanta vanidad,
luego se disculpó
al verme agonizar...
Y me animó a viajar
más allá de aquel lugar...
Estuve en seis planetas...
Habitados todos por adultos...
Con rosas por millones.
Más yo tengo una rosa,
única entre todas,
con tan sólo cuatro espinas...
Y la he dejado sola
en la ciudad de luz...
Entre ceibas y volcanes...
Hija de un cafetal
y de un Pulgarcito
que digno
frente al mar,
es fuerte como un titán...
Ve con el corazón...
Lo esencial es invisible al ojo humano...
Sólo se ve bien
con el corazón...
Y quiero verla ya,
sus pétalos tocar.
En mi planeta extraño,
el B-612,
asteroide singular...
Planeta sin igual...
Una boa gigante,
la segunda que arrasó
el siglo pasado,
me ha tocado...
Abrazado...
Mi mundo es muy pequeño,
del tamaño de una casa,
se parece al del humano...
Y mi rosa vive allí...
Mi Consuelo vive allí...
En medio de un Jardín Nipón...
"Te regalo una rosa"...
Alfonso Amaya
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