Dos Poemas en francés
Mukaichí del poder de dos Poemas de Amor en Francés.
Exquisito poema de supremo erotismo que Anita Lenoit le recitó en francés a Bolívar cuando lo conoció:
"Quise
traerte al alba,
unas rosas hermosas
más puse tantas de ellas en mi traje apretado...
Que el nudo
las contuvo solamente
un instante"
Anita le musitó estas palabras a Simón, cuando ella tenía sólo 17 añitos, en 1812. Lo amó tanto que se quería ir a la guerra con él. Simón no lo permitió. En 1830, Bolívar le respondió a los versos que la francesa Lenoit adolescente, le había dedicado en 1812, en Salamina, a orillas del río Magdalena. Nunca los olvidó. Le escribió al pasar de nuevo por el mismo río, rumbo a Santa Marta y a la muerte, este poema en francés:
"¡Oh río, mira!
El año
ha terminado apenas
y cerca de tus ondas que ella tanto quería,
vengo a sentarme solo en tus arenas
donde la viste un día".
Cuando Anita se enteró de la renuncia de Bolívar a la Presidencia de Colombia, y de que Manuela no estaba a su lado, le siguió los pasos. Nunca olvidó al hombre que provocó y experimentó su debut coital y rasgó amorosamente su himen. Desde Tenerife Magdalena, le sigue los pasos hasta El Piñon Magdalena, pero en cada pueblo ribereño al que llegaba, le contestaban que el Libertador ya había partido.
Su constancia le permitió llegar a Barranquilla, pero nuevamente se enteró que Simón, horas antes se había marchado para Santa Marta, a bordo de un bergantín. Entonces la francesa esperó un barco que nunca llegó, desesperada toma el camino de herradura, una veces en mulo, otras veces en canoas y otras veces a pie.
Fue como una peregrinación al oráculo de Afrodita, a la isla griega de Cythere...
Por amor...
Así llegó a Santa Marta donde encontró un triste panorama, un ambiente mortuorio lleno de luto. Allí fue donde comprendió que su amado Simón Bolívar había fallecido, el día anterior a su llegada. Anita Lenoit permaneció los días restantes al lado de cadáver del hombre más grande de América, hasta que fue sepultado. Fue la única de sus amantes que estuvo a su lado en la muerte.
Nunca se casaría. Vivió sola hasta sus últimos días. El recuerdo de Bolívar la acompañó por siempre. Llena de pelo blanco y una dulzura increíble, murió en Tenerife Magdalena, el 5 de abril del año 1868,
38 años después de morir su primer y único amor.
Creo que hechizada por el dios erote Pothos de la nostalgia, se asumió viuda del Libertador.
Alfonso Amaya
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