Tres balazos

 Mukaichí de tres balazos.


De tres balazos, en la embarcación "La Grampus", fusilaron al hombre más peligroso de aquella revolución suramericana...La orden de su muerte había sido dada por Andrew Jackson, en alianza histórica con Fernando VII. Sabían que con la fuerza de más de 13 mil hombres y un territorio rico en recursos, podría destruir cualquier pretensión o invasión de Europa o EEUU. Dividir era mejor estrategia en esas tierras de herencia clasista, racista y realista. El último deseo del revolucionario fue escribir una carta de amor a una amante francesa que además era su prima. Se lo permitieron sin saber que usaría códigos masones para develar ese magnicidio. Tres balas cegaron la vida que veinte años de cruenta guerra no pudo. Había invadido la Florida con un Irlandés casado con su sobrina. Sabía que la mejor guerra se hacía en territorio enemigo, y sus enemigos sabían que lo sabía y aplicaba. Era muy peligroso vivo. Hoy es más peligrosa su memoria. Murió rebelde, embarcado hacia Maracaibo para acabar con el miserable Pedro Carujo, que luego de intentar asesinarlo en septiembre 1828, huyó a Venezuela donde lo condecora Páez y le da poder militar en esa ciudad a orillas del lago Coquivacoa. No murió tuberculoso ni con camisa prestada. Y nadie sabrá cuántos dolores de cabeza daría al capitán de La Grampus los seis días que estuvo secuestrado. Simón, cometió el error mirandino de colocar el epónimo de un esclavista, psicópata y genocida a la republica gloriosa que labró con sus manos. Se dice que sus verdaderos restos mortales provocaron enfrentamientos en el siglo XX entre guerrillas y gobierno en territorio neogranadino. No está en ningún panteón ni se acomodó a ninguna estatua con coronas florales. Sigue por ahí, mandando pa'l carajo a carujos gringos, godos y vendepatrias, sembrado con tres balas.


Alfonso Amaya

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