Escatología Gourmet

 Mukaichí de la Escatología Gourmet.


Desde que conocí la historia de las hamburguesas elaboradas con estiércol humano en Japón, he encontrado que la coprofagia  tiene categoría gourmet al nivel de los quesos, vinos y carne de caza, todas delicias por la fermentación o añejamiento. Las mencionadas haburguesas de Mitsuyuki Ikeda, su creador, aunque tuvieron la intención de reducir efecto invernadero y alimentar gente empobrecida, su precio se cotizó 20 veces más alto que la carne vacuna. Tal vez por  eso y por el origen de éstas no se hicieron muy populares. Pero, en general, el café o la cerveza relacionadas con estiércol en su proceso de producción, son costosas y elitescas. En dicho proceso, los granos de café con su pulpa son digeridos por animales como civelas, jacus o elefantes, para luego buscar entre las heces los granos de café modificados por las enzimas estomacales y con las proteínas que producen su amargor rotas. En España, le llaman "Café Fantasía" al producido por el grano digerido en Indonesia por la civela, especie de gato endémico. En la península ibérica se exportaron 15 kg de este café en el año 2015 que se vendían a 210 euros por kilo. Pero en EEUU ese mismo kilo se valoraba en 700 dólares. En el 2014 se vendieron mundialmente 900 kg de este café a un promedio de 400 euros por kilo. Pero más exquisito grano es el grano digerido por elefantes, del cual sólo se producen en Tailandia 33 kilos al año, con un costo de 1.600 euros por kilo. Lo puedes consumir en cualquier hotel cinco estrellas o restaurante con una estrella Michelín cerca de tu casa. Con este mismo grano escogido entre heces paquidérmicas, puedes beber una cerveza negra producida en Alemania y Japón. 

Augusto Morales, quién en España comercializa el "Café Fantasía" de Indonesia, dice que su sabor  es "neutro, redondo, fácil de tomar, no destacable por su terroir". Terroir es un término especial para los sabedores de café, pero eso de fácil de tomar depende del bolsillo y la poca imaginación y conciencia del origen del grano. Y el terror, no terroir, es su precio. Cuando sabes que es un café de mierda de gato, que en Indonesia te puede costar 4 euros la taza, pero que  en Japón y EEUU  puede oscilar entre 50 o 60 euros; te das cuenta que lo más redondo no es el sabor sino el negocio de esa mierda tan fina. Tal vez por ello, el canadiense Blake Dinkin productor de este "oro negro" en Tailandia, probó café digerido por elefantes durante nueve años, hasta conseguir el sabor redondo del negocio  que buscaba. Cuenta que la primera taza de cafecito paquidérmico le hizo sentir el aroma y el clima, pero de lo que reina en los intestinos del mamífero terrestre más grande. Sin duda, valió la pena degustar nueve años tinticos de ese calibre hasta poder generar más de 33 mil dólares al año con esta delicia gourmet. Recordé a mi ex suegra cuando decía: "Coma mierda y tome agua"...Y rememoré también a Santa Margarita de Alacoque, quién como ejercicio espiritual, degustaba las deposiciones de los enfermos a su cuidado. Esta monja católica francesa que perteneció a la Orden de la Visitación de Santa María, fue conocida, además, por haber recibido las famosas apariciones del Sagrado Corazón de Jesús. Tal vez supiera el misterio teológico que una vez planteó 

 Florian Werner, en su libro "La Materia Oscura", subtitulado “historia cultural de la mierda”: "si Cristo adoptó la naturaleza humana sin dejar de ser Dios, ¿qué estatuto tendrían sus deyecciones, suponiendo que alguien hubiera tenido la precaución de conservar alguna? "

No lo sé. Lo que  sería interesante es que si ya Brasil produce café gourmet digerido por aves parecidas a gallinas, tal vez nosotros los venezolanos podamos exportar las nueces de corozos digeridos por vacas y toros, que según me han contado tiene un exótico sabor a coco afrutado con delicados tonos aromáticos que te hacen vivir una experiencia gustativa fenomenal. Nada se pierde de la palma de corozo, desde el palmito de las ensaladas hasta los refrescos con su pulpa, pero ya me puedo imaginar vendiendo 33 kilos anuales de estas nueces a hoteles cinco estrellas y restaurantes con una estrella Michelín, con el nombre de "Golden  Coconut Peanut" o "Manicito de coco dorado" para ricos cercanos, destacando el proceso de digerido que el ganado con sus cuatro estómagos y chinchurrias, que convierten al corosito en oro. Por mil dólares el kilo, no me importaría emular al canadiense en sus primeros años de sacrificio. 

Puedo imaginar a alguien en Tokio, tomándose un tinto de fantasía marfil negro, luego una cerveza negra de cafeína paquidérmica, acompañadas con un platico de oro pleno de Golden Coconut Peanut y diciendo en inglés luego de dicha experiencia gastronómica: "¡Santa Margarita de Alacoque! ¡Qué mierda tan cara pero tan buena!


Alfonso Amaya

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