Plata en mano

 Mukaichí de la Plata en la Mano y el Culo en la Tierra.


Popeye,  alias "John Jairo Velásquez Vásquez", dice que un diciembre Manuela, la hija de cinco años de Pablo Escobar, le pidió un unicornio, pero de verdad. Popeye contó que él  mismo con algunos otros trabajadores de la Hacienda Nápoles, le incrustaron un cacho de toro en la frente a un potro blanco, y le engraparon al lomo unas alas de papel. Otras versiones cuentan que fue un pony, al cual un veterinario bien pagado le injertó un cacho de cabrito y dos alas de pato. En ambas versiones, tanto el potro como el pony, son blancos y  ambos mueren de la infección días despues. Victoria Henao, la viuda de Pablo, en el libro donde escribió que él había abusado sexualmente de ella a los 14 años, negó el cuento del unicornio, y dijo que fue en el cumpleaños de cinco años de Manuela, en 1989, cuando su papá le regaló un caballo azabache, normal y sin afanes mitológicos. Nunca se sabrá la verdad. Cuando el sicario y la esposa de uno de los mafiosos más grandes de la historia, cuentan algo, es difícil creerles. Sobre todo porque todavía viven los hipopótamos traídos por Pablo  a Colombia en las selvas aledañas a la famosa Nápoles, causando estragos ecológicos por haber sido extraídos de su entorno natural y haberlos dejado reproducirse a su discrecional instinto de supervivencia, cuando asesinaron a Pablo y la Hacienda quedó abandonada. Tampoco se podrá nunca corroborar si fue verdad lo que Juan Pablo, el hijo de Escobar, hoy Sebastián Marroquín, contó sobre cómo Pablo Escobar, para calmar el frío de Manuela en una de las guaridas donde se escondía con su familia de la ley,  hizo una fogata con dos millones de dólares en  billetes que tenía dentro de un saco. Al parecer, no pudo disponer de otro combustible para tal fin. En la cultura popular de criminales y personas maquiavélicas,  al oír estás historias dicen: un buen padre y esposo, por su familia, haría cualquier cosa, de pendejadas no se vive, plata en mano, culo en tierra. Yo lo escuché de mi exmujer. Y un día, en una práctica de fútbol de niños de cinco años le oí decir al entrenador: "Vuélele la pierna si ve que va a meter un gol, total ni que fuera familia suya". Los padres y madres presentes oyeron y asintieron. Quizá sentirían orgullo de que un hijo le fracture un tobillo a un Pelé, a un Maradona o  a un Messi. No lo sé. También me asombra que puedan aceptar que le vuelen la pierna a su propio hijo. Popeye y Pablo son un nivel superlativo de esta misma crueldad sin límites.


Alfonso Amaya

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