Frutos Dolorosos
Hoy hace 100 años fueron colgados hasta morir, en una sauce llorona ubicada en Barrio Obrero, ciudad de San Cristóbal del estado Táchira, Francisco Gómez y Gabriel Chacón. Lolita Robles de Mora escribió que primero colgaron a Francisco y al día siguiente a Gabriel. Involucrados en un complot para asesinar a Eustaquio Gómez, Presidente del estado Táchira y hermano del entonces Juan Vicente Gómez, Presidente de los entonces Estados Unidos de Venezuela. Firmes representantes del nepotismo más cruel, los hermanos Gómez no serían los primeros ni los últimos en esta nefasta cultura de petrificar a toda la familia en el poder político, incluyendo compadres, comadres, amigos, amigas y amantes. Según Lolita, asaltaron la casa de Evaristo, otro hermano de Gómez y Simón otro hermano de Gómez sería el tribunal, jurado y juez que daría la sentencia de muerte más espantosa a Francisco y Gabriel, con la respectiva tortura previa. El verdugo fue un tal Quiroz, a quien Lolita da dos epítetos: sanguinario y malvado. Los merece, fue un psicópata. Luego de torturarlos, el tal Quiroz les hizo un hueco debajo de la boca con un cuchillo y los colgó con un gancho de ganado. En aquella época se puso de moda entre los matones de los Gómez una forma de suplicio llamada el Tortor, aplicada en la famosa Rotunda, con la cual destrozaban los testículos de las víctimas. Seguramente Quiroz haya realizado esta cruel práctica en Francisco y Gabriel. Cuenta Lolita que que los zamuros les sacaron los ojos y los perros mordían las piernas de los cuerpos sin vida a medio metro del suelo. Duraron 25 días colgados, sin descomponerse los cuerpos. Un compasivo sacerdote solicitó el permiso para cristiana sepultura. Violados todos los derechos hoy consagrados para los humanos privados de libertad, Francisco y Gabriel pasaron a la cultura popular como mártires de la Libertad. Vengo de colocar dos velas en la Capilla de los Ahorcados, remodelada hace muy poco por el hoy Protectorado del Táchira, lugar que conmemora tan brutales muertes. Dicen que Francisco y Gabriel son almas que conceden milagros, así como cuenta Lolita que en las noches frías de Octubre se oyen gritos de terror pidiendo auxilio del alma en pena de Quiroz. Yo pienso que también son los gritos de Evaristo, Simón, Eustaquio y Juan Vicente. Los Gómez fueron una hueste que comandó legiones de sombras, si existe el infierno, de seguro también allá su nepotismo habrá sido compensado con dolor. Cómo saberlo. Lo cierto es que hoy quise honrar a Francisco y a Gabriel, ningún ser humano ni animal merece morir así y tampoco ningún árbol tan hermoso, como la sauce que aún sigue en pie, merece la maldición de colgar de alguna de sus ramas dos frutos tan dolorosos y amargos. Es una sauce que debería ser venerado como Demetrio, el sauce llorón de 204 años de Loma de Pio, pero esta sauce ni nombre tiene. Yo le llamaré Francis Gabriela, porque fue la última madre que sostuvo la frágil vida de estos hombres. En mi mente quedan muchas preguntas sobre sus vidas y su motivación para la aventura que terminó en tragedia. No podían imaginar que el gomecismo se mantendría incólume con Juan Vicente hasta 1935, pero viviría en la cultura política dos décadas más con Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. Era una acción desventurada, con un trágico final humano y una trascendente gloria espiritual. Hoy se considera un lugar sagrado y aunque yo no soy muy religioso, confieso que sentí una extraña paz interna en esa capilla hoy, leyendo las tres placas conmemorativas, bajo la sombra de Francis Gabriela y adivinando la vida y muerte de estos dos hombres colgados injustamente.
Dedicado a Gabriel Chacón, Francisco Gómez y a la sauce Francis Gabriela...
Alfonso Abraham Amaya Rojas
Agradezco a Lolita Robles de Mora su versión de realismo mágico sobre esta historia.
Coloqué esas dos velas en nombre de mis amigos y amigas, y de todos los que sueñan y luchan por la Libertad y un mundo más humano
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