Ionírico XIV
Décimo Cuarto Sueño: El injerto de Luz en la epidermis del Alma
Apareció ante Ionírico una hermosa indígena desnuda con ojos verdes, curvas alucinantes, aroma de rosas azules y viento de jazmín. Cabalgaba una danta gigantesca y a su lado una una onza. En sus manos llevaba un hueso sacro cubierto de flores multicolores. Su timbre de voz era una brisa suave de montaña tropical y pozas cristalinas. Toda ella invitaba a ser habitada.
- Para que el terror y la furia se vaya para siempre, debes cantarle a la herida del abdomen y el corazón que sangra lágrimas del alma, que son dulces y son amargas. Perder a tu hija Irene Sofía te ha llevado años, pero llegó la hora de soltar la furia, el terror, la daga y la mano. Alfonso, tu que escribes y cantas, debes invocar y susurrar una canción con Ionírico para agradecer que Irene Sofía se liberó de este mundo atroz... Además te diré un secreto: nadie muere, no en sueños, ni en la realidad. La muerte, sea por Tánatos o las Keres, es solo un momento de cambio. Irene Sofía siempre estará en la médula de tu Alma. ¡Canta Ionírico, canta! Sanemos al centauro Io, al cantor Alfonso y al náufrago Ionírico de la isla en medio de la montaña, Roroimó, mal llamada Roraima...¡Canta!
Ionírico, llorando, empezó a cantar la primera composición del cantor Cabral, el fecundo:
"No crezca mi niña,
No crezca jamás...
Los grandes al mundo,
Le hacen mucho mal...
Lo humano ambiciona
Cada día más...
Y pierde el camino...
Por querer volar...
Vuela bajo...
Porque abajo está la verdad...
Eso es algo que el humano
No entiende jamás..."
Una y otra vez repetía la misma estrofa y coro, y a medida que la cantaba, las lágrimas y el sonido, hecho luces de colores, regenera a la epidermis por dentro, había un gran vacío, que se empezó a llenar de luz azul...
"Es el injerto de ternura" dijo la reina. Luego de varios días, de cantarle a la herida de lo que sobraba, la cicatriz cantaba sola. Entonces, la reina dijo:
- Vamos con la felicidad y esperanza amputadas. Mira tu Cikatriz, la de Ka.
Ionírico vio que a pesar de las lágrimas de Taumas, la Cikatriz lloraba una gota de sangre del alma en el extremo inferior izquierdo de la letra "K" de la carimba. Taumas se lo había dicho: que tardaría unos años. La Reina dijo:
- Esta herida no es por cercenar algo sobrante, ni por maldad no odio. Es una escarificación de Amor...Es un vacío de felicidad y esperanza perdidas...Son más dos muertas que ser arrimadas, fueron desterradas, desenrraizadas, desencarnadas...Son dos duelos y vuelos... Ionírico, cántale a Kalos y a Ka, a la Carolina que perdió Alfonso, al Alfonso que perdió Alfonso, al perder a Carolina; a la Carolina que perdió Carolina cuando el Alfonso de su Alma murió en una ola. Ionírico canta para vencer los oniros, a Enío y Efialtes, al terrible espíritu de Kanaimó, mal llamado Canaima. ¡Canta cantor un canto de muerte y amor, un canto que cure la muerte del amor y amor que separa la muerte!
Ionírico, se convirtió en chicharro, y llorando comenzó a cantar un poema de Walsh hecho canción:
"Tantas veces me mataron,
Tantas veces me morí,
Sin embargo estoy aquí recusitando...
Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató
Tan mal...
Y seguí cantando..."
Ionírico canto varios años, a Katagua el musgo casi le cubrió todo el cuerpo, a la isla montaña Roroimó sobre la roca Kanaimó, las cubrió un musgo de dos mil millones de años...La Reina vio cómo Ionírico envejeció, renació y murió muchas veces por Vous Etês, por Kalísti, por Ka, por Carolina...Muchas veces, con otros nombres y otras formas...Era una espiral que tardó lo que el universo en ver la luz danzando: catorce mil millones de años...
Y en ese momento la milenaria luz se hizo carne en Ionírico. Se había consumado el injerto de piel, en la epidermis de su alma.
Alfonso Amaya
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