Ionírico XVI
Décimo Sexto Sueño: Ionírico protege a Katugua de Baubo.
Unir es mejor que separar.
Partió sobre Katugua para encontrar al ixión Io envuelto en una guerra contra Morfeo, por la sed de venganza y de justicia que no podía saciar. Ionírico vio que a pesar de no tener corazones no había muerto, entonces recordó lo que le había dicho Yara de que nadie moría, sólo cambiaba.
Ionírico se plantó ante Io y le habló con firmeza:
- Amado hermano, parte de mí mismo. Se que se reventaron tus dos corazones y que crees que Irene Sofía murió. Pues no es así ella vive y Kalísti también. Morfeo lo sabe. Nadie muere, sólo se transforma. Permite que te ayude a recuperar tus dos corazones, para ejercer una mejor influencia sobre la tierra. La violencia sólo re-creas sueños violentos. Todo lo que pasa en el mundo de los centauros da ejemplo a la Tierra. Accede. Soy tú mismo.
En ese momento, aparecieron Morfeo y Caduceo. Este último se avalanzó sobre Ionírico, pero Katugua lo envolvió hasta inmovilizarlo. Luego, Ionírico se acercó con la antorcha de fuego al revés, y el frío fuego de este ícono apagó su corazón humano. Con sólo el corazón de caballo, Asclepio y Caduceo empezaron a fusionarse, hasta convertirse en un pegados blanco de alas doradas con musgo verde sobre su lomo, crines y cola. Ionírico sonrió, y con la luz de varios catatumbos dijo:
-¡Katugua ahora quién te va a soportar con esa pinta de corcel! ¡Cuando te vea Baubo se va emocionar más que la abuela de la Kape Rusa Roja!...
Y ambos rieron, entre relámpagos de alegría, mientras Morfeo, convertido en una furia atacaba a Ionírico.
Io quiso intervenir y Ionírico con una señal de su mano le dijo que no era necesario. Morfeo lanzó un latigazo sobre Ionírico, y el fuego al revés de la antorcha congeló el golpe y el arma. Ionírico la golpeó entonces con su dedo medio derecho y voló en mil trozos. Morfeo no sabía que hacer. Sacó su cuchillo y al tratar de apuñalar a Ionírico, la espada de Tánatos en el aire, por sí misma, destrozó el puñal. Morfeo entonces, se vio obligado a usar su poder somnífero y abrazó a Ionírico para soplarlo y hacerle soñar pesadillas. Pero la amapola voló frente al rostro de Morfeo y lo bañó con Rocío de Morfina, con lo cual cayó en el suelo con azúcar de su propio chocolate.
Ionírico supo que hacer. Le arrancó las alas de las sienes y se las colocó a Katugua, mientras le decía:
- Con estás alas si se sobrepasa Baubo con tus atributos de burro alado, la podrás soplar en la boca y dormirla antes que te sople un pedo...
Y surgieron más catatumbos mientras reían.
Alfonso Amaya
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