Ionírico XV


Décimo Quinto Sueño: Los mil ojos de Varuna sobre Ionírico.


El Agur, el recolector de decires, dijo en el capítulo treinta de los Proverbios que cuatro cosas le eran ocultas. Pero Varuna sí las puede ver con sus mil ojos.


Ionírico pudo sentir como un ser de mil manos de luz, con dos de ellas, colocaba un injerto de rayo verde y otro de rayo violeta como injertos en su carne. Hablaba sin voz, con una sabiduría más antigua que la explosión que creó el cosmos. Decía:


- Entiende que los recuerdos son sueños, ya no existen. Al recordarlos los re-creas soñándolos. Puedes recordarlos en concordia o en discordia. Pero la discordia es Eris, y empieza minúscula pero puede llegar del tamaño de un planeta. Tu pasado no existe. Podrás colocar una gota del río de Recuerdo en tu corazón, pero lo que verás será un sueño con la emoción de turno...¿Entiendes?


Ionírico afirmó. Y la luz continuó. Los humanos se empeñan en buscar el rastro de lo oculto y es innecesario. La nave al surcar el mar, aunque deje una huella efímera,  el mar la borrará. Los perros griegos de cien ojos pronto entendieron ese misterio: que sólo el Ser de mil ojos podía seguir el rastro de todo. Ellos y ellas entendieron que sólo podían autogobernarse muriendo en cada segundo de vida en libertad. 


Ionírico estaba aturdido o encandilado. Regresó ante la Reina Indígena, y sus ojos verdes y compasivos supieron que había visto a Varuna, y que éste lo había abrazado con sus mil brazos.


- ¡Excelente injerto!- Le dijo la reina- puro diamante...


Ionírico vio como brillaba su pecho del alma. Vio la semillas de luces de esperanza y felicidad. Eran subatómicas, pero cubrían los vacíos anteriores.


- No pierdas tiempo Ionírico - continuó la diosa-, usa tu poder salva al centauro de su sed de sangre y al árbol de sauce. Ya puedes enfrentar los oniros y a Kanaimó como le llamamos por aquí a la unión de todas esas energías de pesadillas. Pero antes...


Ionírico vio como la diosa Yara extendió su mano y aparecieron dos alas de plumas azul muy profundo en sus espaldas.


- Para desplegar tus alas sólo tienes que dejar fluir la fé y la devoción a lo que amas. Así se siembran y extienden las alas: eso le puedes enseñar a los humanoides del bosque para que se liberen de Iquelo. A Morfeo lo encontrarás cuando sabes al ixión. Pero a Fantaso lo encontrarás con Kanaimó. Se firme, vencerás. Y obtendrás eso que anhela tu corazón...

Llegó la hora...


Reí entonces, y varios Catatumbos iluminaron el rostro de ojos verdes de la diosa. Fue mi forma de agradecerle.


Alfonso Amaya

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