Ionírico II
Segundo Sueño: Ser un cuerpo...
Io se dio cuenta de que era una hermosa tatagua azul. Su color era tan brillante que no podía mirarse mucho tiempo sin sacudir la cabeza de asombro. No recordaba haber visto nunca una alevilla con ese matiz cromático, pero como tampoco recordaba haber visto otra cosa antes no se sorprendió. La alevilla rosada lo tomó de uno de sus patas y el descubrió que no tenía brazos ¿Brazos? Fue en ese momento que supo que la otra tatagua lo había besado al lado de la espiritrompa y no en la mejilla ¿Mejilla? Eses discernimiento le hizo pensar que estaba empezando a recordar. Pero volvió a olvidar cuando se encontró ante el espejo hacia el cual lo había conducido la alevilla rosa. Ella dejó a Io sólo ante su reflejo y a poca distancia de él comenzó a emitir unas delicadas vibraciones con sus antenas, las cuales Io pudo comprender perfectamente:
- Ese reflejo que ves, es un milagro de la tecnología genética de la naturaleza. Tiene muchos años, quizá siglos trabajando para ti. Te cuida, te alimenta, te proporciona todo el dolor necesario para aprender y todo el placer requerido para disfrutar en tu mundo. Quizá nunca o pocas veces le has agradecido el servicio de amor que hace para ti. Agradécele a tu cuerpo ahora, acércatele como a tu mejor amigo.
Y es que es un milagro que estés vivo. Puede que no hayas no te hayas dado cuenta, pero tu cuerpo te sigue como el más fiel de los compañeros a dónde quiera que vayas, obedeciendo a los más ocultos caprichos de tus pensamientos, sentimientos o acciones. Es el mejor espejo de ti mismo, ya que refleja la menor vibración emitida por tus intenciones o tus pasiones. Agradécele de nuevo a tu cuerpo el servicio sincero y desinteresado que realiza para ti.
Es que ni siquiera tienes que molestarte en mover los perfectos dinamismos que mantienen equilibrado a tu cuerpo: él con su sabiduría sigue con su delicado balance mientras te obedece y alecciona, hasta donde tu ego le permite... Es el mejor amigo y compañero que puedas conocer y amar...Puede que pocas veces o nunca le hayas dado las gracias por la sagrada labor que realiza para ti... Agradécele a tu cuerpo por tercera y última vez, que más que tenerlo, eres un cuerpo, una luminosa masa despierta de tu alma.
Mientras escuchaba estos sonidos,
"Io" sentía que nunca se había visto antes. Era una maravilla tener un cuerpo, esto también lo había olvidado. Aunque fuera sólo un insecto azul, sintió la mayor gratitud que antes o después habitará su corazón. ¿Corazón? Empezaba a rememorar que los incesantes repiques dentro de su pecho provenían de ese algo llamado corazón.¿Pecho? Este delicado y poderoso ritmo vital le sugería una idea, pero no se acordaba de qué...
-¿Quién eres tú?¿Cómo te llamas?- le preguntó "Io" a la mariposa rosada, tocándola con una antena.
- No lo sé, tú eres el único que me nombra. Y a veces me dices "Tú" cuando te diriges a mí, pero cuando hablas de mí a otros, les cuentas historias sobre mí diciéndoles "Ella ésto, ella aquello". Una tarde llegaste y me dijiste que desde ese momento me llamarías "Vous etês"...Pero nunca más me nombraste así, por lo que supongo se te ha olvidado...
"Io" no sabía que pensar. Cuando pudo seguir la conversación le dijo:
- Tal vez te parecerá un poco rara esta pregunta, pero como veo que me conoces...¿Sabes quién soy yo?¿Cuál es mi nombre?
- Tampoco lo sé. Siempre llegas, me das un beso cerca de mi espiritrompa y me traes a este salón a decirme lo mismo que yo te dije sobre tu cuerpo. Como hoy no lo hiciste, te correspondí repitiendo todos tus actos. Una vez te pregunté tu nombre y me respondiste "Io sono Io". Al no comprender, creí que jugabas conmigo y con las palabras. Es la primera vez que me miras y me tocas con tus antenas...
"Io" observó entonces los múltiples ovidios en los ojos de la alevilla rosada y sintió un estremecimiento dentro de él. Ella estiró su espiritrompa y la enredó en la de él. "Io" sintió el más dulce e indescriptible néctar que jamás hubiera succionado de ninguna flor. Al cabo de un tiempo, con sus doce patas enlazadas entre sí, ella le confesó:
- Siempre quise agradecerte lo que me decías sobre mi cuerpo. Sólo una alevilla azul como tú puede tocar con sus antenas esas magníficas vibraciones.
"Io" la miró otra vez y quiso besar su boca...¿Boca? Respiró profundamente y se dió cuenta que no tenía nariz...¿Nariz? Inhaló de nuevo y la corriente de aire entró por una red de espiráculos que tenía a lo largo de su abdomen. Sintió que esa hiperventilación le nublaba los sentidos. Se desvaneció entonces, entre las seis delicadas extremidades de la mariposa rosada... Despertaría en otro sueño de bosques húmedos y luminosos. Escuchaba el vigoroso escándalo provocado por millones de insectos: luciérnagas, hormigas, abejas, libélulas, mariquitas, escarabajos, moscas, arañas, cucarachas, pulgones, y por supuesto, tataguas.
Io estaba adherido a una pequeña rama. Era tan solo un sutil huevecillo de alevilla.
Alfonso Abraham Amaya Rojas
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