Ionírico V


Quinto Sueño, Revelación de Demetrio.


Cuando las criaturas vieron que Io no tenía alas huyeron despavoridas. Sabían que siendo Io un hombre normal muy pronto Iquelo lo atraparía por sus ocultas o evidentes bajas pasiones. Entonces, aún con el sopor y el olvido, comenzó a correr contagiado del terror de los humanoides, a través del bosque. Llegó al pie de una montaña y sin pensarlo dos veces comenzó a subirla. Todo el día estuvo escalándola huyendo, no sabía de quién o de qué. Al caer la noche, estaba exhausto. Se ocultó bajo una saliente rocosa y se cubrió las piernas del frío con unas grandes hojas que encontró. Todavía jadeaba, cuando cerró los ojos y se durmió.


Se sintió incómodo y empezó a moverse dentro de la membrana que le cubría. Había logrado sacar la cabeza de aquella red, pero el cuerpo estaba fuertemente apretado en aquella bolsa. Siguió esforzándose, hasta que sintió un desgarramiento lateral del capullo, y por esa fisura logró sacar su ala derecha. Con la mitad del cuerpo afuera, podía estremecer mejor la trama que retenía el resto. Cuando pudo sacar las dos alas, todavía húmedas por el agua del río del oasis, se lanzó de nuevo a correr en el desierto. Los otros ocho ixiones traficantes lo seguían, asombrados de que pudiera escapar de la red.


Corrió a todo galope, hasta llegar a un bosque. Allí se escondió entre unos matorrales secos, que le permitieron camuflarse con la vegetación en un mimetismo insuperable. Vió llegar a los otros centauros, quienes sigilosamente buscaban por todo el lugar a Io. Pero era demasiado tarde, el bosque lo había consumido e Iquelo como una maléfica presencia invisible, por medio de un solo gesto invisible, lo había convertido en mitad hombre y mitad caballo. Oyó la risa macabra del oniro. De nada valió haber huído todo el día anterior en la montaña.


En ese momento llegaron los animales humanoides, quienes lamentaron el suceso. Su única esperanza había sido desecha. Mientras Io se recuperaba del impacto de verse embrujado, sintió una soga que desde el aire llegó a su cuello. Luego vino otra soga y otra soga. Los tres ixiones no fallaron la puntería. Completamente atrapado, los traficantes lo llevaron del bosque a Pasionaria, para entregarlo a Morfeo, su amo.


Apenas lo entregaron a Morfeo, éste le propinó con su fusta un golpe en la cara que le hizo escupir escupitajos de sangre. "Nadie me desafía delante de mis esclavos, y menos uno que durante quinientos años he sometido a mis designios", le dijo mientras le lanzaba otro golpe sobre su muslo delantero derecho, reventándole la piel. Io perdió el equilibrio y cayó sobre su costado derecho. "Ni siquiera te importó que Kalísti, tu esposa, estuviera preñada para huir" gritó Morfeo, que al verlo en el suelo, junto con su capataz Caduceo, y ante la presencia de otros ixiones esclavos y libres, comenzaron a golpear a Io con las herraduras de sus cascos delanteros. Convertido en un charco de sangre, aturdido con la noticia de que iba a ser padre y tenía esposa, mientras recibía patada tras patada de hierro, perdió el sentido.


Perder la conciencia por el dolor, es como dormirse. Io olvidó todo. Incluso que seguía al borde del precipicio de la montaña tratando de despertar de milenio y medio de sueños repetitivos. Abrió los párpados y observó el infinito azul del cielo dibujándose dentro de su retina, a una velocidad tan pasmosa, que no alcanzaba a apreciar la diferencia entre la luz que se licuaba entre sus pupilas y la imagen que traducía su hipnagógico cerebro. Respiró profundamente, y pudo ver centellear sus vasos sanguíneos oculares sobre el azul del cielo. Inhaló varias veces, hasta que sintió que sus párpados caían derrotados por el exceso de oxígeno. Quiso imaginar una luz desde su corazón para limpiar la oscuridad interna al cerrar los ojos, pero la negrura contrastante con el azul anterior de nuevo le anestesió la intención de meditar insomne o de despertar contemplando la luz. Aún no entendía que clase de luz le podía despertar, no había entendido ni siquiera la oscuridad que le dormía. Y ya se había dormido y olvidado otra vez de todo.


Pero olvidar en los sueños o en la vida, es vivir otro sueño u otra vida. Al despertar, en ese otro ensueño, percibió que estaba enterrado en el suelo hasta la cintura...¿Cintura? Se encontraba catatónico, casi inmóvil, en una rigidez tan fuera de lo común que pensó que había muerto. Pero tenía conciencia. Pero pensó que tal vez, había muerto  dentro de aquel sueño, lo que lo obligaba vivir la muerte estando vivo en un sueño...¡Qué extraño!


De repente, sintió un flujo de energía inverosímil que ascendía a través de sus muchos pies...¿Pies? Sí, algo así. Esa energía subía a través de muchos pies hacia la parte superior del tronco... Sí, sí, su tronco...Sus muchos pies y piernas podían absorber el calor y la comida en la tierra...¿Comida? Esa energía acariciaba su interior subía hasta sus muchas manos y allí, la energía oscura absorbida del subsuelo danzaba con la luz en cada hoja de sus manos y brazos...¿Hojas? ¡Oh, no! Fue en ese momento que supo que era un sauce, un árbol...


Aunque no tenía ojos, ni boca, ni oídos humanos, podía escuchar y sentir lo que decían los otros árboles y plantas, y los animales...Podía ver con sus raíces y sus hojas, que eran como mil ojos más lúcidos que los de un humano...Podía oír las canciones del viento, podía ver a través de los ojos de los animales que vivían en su tronco y sus ramas, ya que eran parte de su existencia. Podía conversar con el sol y la lluvia.


Le hablaron de Fantaso y de los humanos, como él. Le contaron todos ellos y ellas sus historias, las que la humanidad no quiere oír. Temían a Fantaso y sus mil hermanos, los oniros. Ellos tenían atrapada  a toda la vida que los humanos no sienten viva: las aguas, las rocas, el fuego, los bosques, las cosas todas hechas con algo de la naturaleza ya fuera vegetal, animal o mineral. Todo estaba vivo en los sueños y Fantaso lo manipulaba.


Io recordó al fin, estar físicamente quieto lo ayudó a sosegarse, y preguntó entonces quién era Morfeo y quién era Iquelo. El sauce llorón llamado Demetrio de 204 años de edad le respondió a 77 km de distancia, con una "voz" tan audible como si estuviera susurrándole al oído:


- Hermanito Io: todo tiene un orden hasta los sueños más alocados de los humanos. Todo es soñado por algo o alguien. Mientras menos resistencia tiene la conciencia, más se acerca lo manifestado al sueño de lo que las criaturas humanoides llaman Kaos, el gran Soñador. Otros le han llamado Tao, Theos, Deus, en fin, de muchas formas...En realidad nadie sabe su verdadero nombre pero Él sueña todo. Pero la humanidad, ha creado sus propios sueños o pesadillas, y han adquirido vida propia...Desde un principio Kaos permitió el sueño de la oscuridad y de la luz. Lo que puedo decirte es que Morfeo, Iquelo y Fantaso son hijos del dormir humano casi divino, con sus otros mil hermanos los oniros...


Io quería seguir oyendo a Demetrio pero sintió un hachazo en la base del tronco. Oyó la voz de Fantaso que gritaba: "Éste es el árbol que sueña como humano. En realidad es un centauro de mis hermanos Iquelo y Morfeo, y ahora es mío también. Destrúyanlo...Que el dolor lo haga olvidar. Haremos mondadientes con él..."


Con cada golpe del hacha, el dolor era más intolerable. Io escuchaba a Fantaso riendo y al bosque llorando y sintiendo... Demetrio le dijo a Io: "Duerme ahora, escapa a otro sueño, despierto. Esfuérzate y no olvides lo que te dije, los tres y mil oniros son hermanos y tienen un padre muy poderoso. Si vences a uno, los vencerás a todos. Duerme despierto hermanito..."


Fue así como Io se durmió. Pero esta vez quería recordar lo que le había dicho ¿Fantaso?...No, no...Demetrio...No quería olvidar al anciano sabio...


Alfonso Amaya

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